Estúpido, es la personalidad

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Los que disfrutan con Vetusta Morla no necesitan que nadie les cuente el porqué del éxito del sexteto madrileño. Al resto, esos que andan buscándole una explicación al ascenso vertiginoso que han experimentado, tendría que bastarles con ver una sala llena de gargantas gritando con entusiasmo aquello de "hay tanto idiota ahí fuera" para darse cuenta del enorme valor que en el pop tiene el hecho de crear canciones que la gente pueda cantar a coro. Cuando eso se consigue, lo demás es superfluo y ninguna de las preguntas que trataban de responderse los envidiosos es pertinente.

Aquellos que por más que miran no encuentran qué pueda tener Vetusta Morla que no tengan ellos. Y en este caso, ni siquiera sirve la excusa del apoyo de una gran compañía discográfica, pues su único álbum hasta la fecha ha sido autoeditado. Los de Tres Cantos han conseguido desde la más absoluta autogestión -eso que debería ser la independencia, hoy travestida en tendencia bajo el seudónimo del indie- tocar la fibra sensible de una potencial clientela que otros fingen no perseguir. En la puerta más de un centenar de personas tuvieron que volverse por donde habían venido al completarse el aforo, algo insólito para en el pop alternativo. Antes, Jean Paul, formado por algunos de los vástagos del grupo de José Ignacio Lapido en torno a su teclista, Raúl Bernal, mostró, en un ambiente más bien apático, su interesante propuesta. Como unos forajidos, sus canciones intimistas y arrastradas por la voz espectral de Raúl se deslizaron silenciosas como una culebra entre las piernas del público.

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