Eternamente Plisetskaya

  • El 'ángel' de Maya parecía guiar a unos excelentes bailarines con una coreografía cuajada de buen gusto. La Luna llena asomó entre los cipreses y se convirtió en espectadora de excepción.

El espíritu de la gran Maya Plisetskaya estuvo presente anoche en el Generalife con la gala homenaje que le dedicó la Compañía Nacional de Danza, en la que destacó el alto nivel técnico de los bailarines y con la Luna llena como espectadora de lujo.

La gran diva del ballet, fallecida el año pasado, fue directora de la Compañía Nacional de Danza entre 1987 y 1990 y de ahí el tributo que, con excelente buen gusto, ha querido rendirle José Carlos Martínez. "He planteado la gala con la misma versatilidad con la que ella entendía el ballet", comentaba el actual director.

La noche comenzó dulcemente con In the Night, con música de Federico Chopin y coreografía de Jerome Robbins. Carlos Faxas interpretó el piano sobre el escenario. Siempre es de agradecer la música en directo, sin enlatar, en un espacio de la categoría del Generalife.

La Luna llena asomando lentamente entre los cipreses fue un adorno más a la preciosa coreografía e hizo aparecer el ángel de Maya, el hilo conductor de la gala, que parecía guiar a unos bailarines excelentes profesionales y entregados sobre el escenario.

Tres parejas de amantes que representaban desde la violencia a la inocencia se reunieron bajo el cielo estrellado para representar los sutiles dramas de la danza al son de cuatro nocturnos. El número 1 y el 2 agridulces y tempestuosos, la pieza final, muy suave, casi etérea. A continuación El cisne negro, un paso a dos con coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov y música de Chaikovski, pieza que interpretaron con gran perfección técnica y expresiva, Haruhi Otani y Aitor Arrieta con gran elegancia y clasicismo que realzaba la belleza de esta coreografía inmortal.

En la tercera pieza pudimos disfrutar con el talento de la artista invitada por la Compañía Nacional de Danza, Alicia Amatriain, reciente ganadora del Premio Benois a la mejor bailarina, acompañada por el principal bailarín del Staatballet de Berlín, Mikhail Kaniskin. Entre los dos, con coreografía de John Cranko, bordaron el paso a dos del balcón de Romeo y Julieta, ambos de blanco recordando el drama de los amantes de Verona después de desprenderse de un pañuelo rojo que quedó tirado en el suelo como símbolo de una pasión frustrada por el destino. Fueron 8 minutos de belleza que nos recordaron a la gran Maya Plisetskaya.

La gala continuó con ballet clásico y mixto para rendir tributo a la gran diva en toda su dimensión. La Carmen de Johan Inger con figurines de David Delfín fue la pieza más vital y rompedora por la originalidad de la coreografía y de la versión musical, con mucha percusión.

El divertimento Raymonda cerró la noche con el elenco de la compañía, que cuenta con una granadina, Irene Ureña, participante en esta hermosa coreografía que, sumada a la dedicada a Don Quijote del domingo, nos deja un excelente recuerdo de su paso por el Festival.

En definitiva una noche de danza ideal, muy diversa. Perfecta para los conocedores del ballet pero también para quienes no conocen la danza y quieren iniciarse en ella. Además, puso de manifiesto el gran nivel de la Compañía Nacional de Danza que dirige José Carlos Martínez y de la sensibilidad y generosidad con la que se trabajan los proyectos los bailarines.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios