"Existe un politeísmo absoluto en cuanto a la belleza y la fealdad"

  • El escritor italiano Umberto Eco debate esta tarde con Jorge Lozano sobre los límites de lo bello y lo feo, lo falso y lo verdadero, en un mundo "que avanza rápido" plagado de iconos

Umberto Eco es uno de esos pocos hombres que tienen muy claro lo que quieren y, sobre todo, lo que no quieren. Así, aplica unos principios similares tanto a su estudio de la historia humana y los pensamientos que se cruzan en su literatura como a las pequeñas 'aventuras' que se suceden en su vida cotidiana. Detesta, por ejemplo, que sus alumnos empleen el término relativismo. "Si alguno me lo escribe en un examen lo suspendo", dice tajantemente. Tampoco le gusta desvelar a los periodistas el último proyecto que anda escribiendo y disfruta engañándoles con títulos inventados. "Mis ensayos más recientes han sido sobre la última noche de Napoleón, la amante de Copérnico o la historia de un pedófilo colombiano", bromea. Es la cara menos conocida de uno de los últimos grandes genios de la literatura y la filosofía actual universal, autor de más de cincuenta libros y centenares de artículos y traducciones con los que se mantiene firme en su propósito de profundizar en las voluntades y el mundo que rodean al ser humano.

El profesor Eco vive en un país, Italia, al que ama por encima de todas las cosas, pero que a veces le devuelve la ingrata moneda de hacer más caso a las pequeñas anécdotas que se comentan en el extranjero que a las preocupaciones realmente importantes: "Italia es un país masoquista, lo que se dice allí carece de valor, pero cuando se dice en el extranjero es cuando cobra importancia. A veces voy a otros países y digo cosas banalísimas que repite todo el mundo a diario en Italia, pero luego se trasladan allí en un tono de novedad extraordinaria. Yo las decía entonces porque pensaba que los extranjeros eran unos bárbaros pero, sin embargo, los auténticos salvajes son los italianos". Lo dice debido a la entrevista que Juan Cruz publicó el pasado domingo para El País Semanal; unas reflexiones sobre la nación en la que vive, la política de la que ha hecho gala y de la que está por venir, y que han causado un auténtico revuelo en Italia que le hace ya ir con cierta cautela cuando habla ante periodistas: "Me consuelo mucho pensando en que la memoria mediática es muy breve. Hoy puedo decir las cosas más horribles, mañana los periódicos lo reflejarán, pero pasado mañana lo habrán olvidado todo". Y, aunque no lo dice abiertamente, se le nota que le tiene algo de envidia a España: "Si Berlusconi gana en las próximas elecciones, Italia tendrá entonces lo que se merece. No sé bien si España se merece como presidente a alguien como Zapatero, pero está muy bien que lo tenga".

El escritor italiano será hoy una de las estrellas del Hay Festival Alhambra, ya que participará junto al autor Jorge Lozano en una conversación para desentrañar lo feo y lo falso en un mundo plagado de signos. "El problema de lo falso es un problema filosófico fundamental porque está unido a la verdad, y eso lo convierte en un problema eterno que se plantea de manera diferente según hablamos de ciencia, teología o periodismo. Sin embargo, lo hermoso y lo feo son conceptos más relativos. Yo he escrito una historia de la belleza y una historia de la fealdad y no una teoría de la belleza y una de la fealdad, porque mi pretensión era mostrar la relatividad de estos conceptos a lo largo del tiempo. Hay un politeísmo absoluto en cuanto a la belleza y la fealdad", afirmó.

Con tres libros recién salidos al mercado, La historia de la fealdad, Decir casi lo mismo. La traducción como experiencia y Del árbol al laberinto -éste último, con más de 600 páginas-, pide un poco de respiro a todos los impacientes que le preguntan por sus nuevos proyectos. "¿Os importaría dejarle a un hombre de 76 años un poquito de tiempo para que se ocupe del sexo y ya está?", comentó divertido Eco, Premio Príncipe de Asturias y uno de los escritores que más libros vende en la actualidad, sobre todo tras la repercusión internacional de El nombre de la rosa, la novela publicada en 1981.

El optimismo vital que le recorre en su vida diaria se hace más palpable aún cuando se niega a ver la inminente muerte al libro como soporte impreso que otros anuncian. "Hace tiempo llegó un señor llamado McLuhan que había empezado la era de la televisión, aunque el ordenador no es más que la demostración del triunfo de la galaxia Gutenberg. El problema de la literatura electrónica es que hay que leer muy deprisa y el riesgo real de leer sobre la pantalla del ordenador es enfermar de conjuntivitis. Soy optimista con el futuro porque tengo una estupenda situación económica gracias a la venta de mis libros, y no a la venta de ordenadores", apostilló.

Convencido de la variabilidad de las distintas manifestaciones filosóficas y sociológicas que existen hoy en día, asegura que es capaz de contabilizar más de 15 posiciones diferentes acerca del término relativismo: "Todos los de la izquierda llamaban fascistas a todos los que no les gustaban y ahora los de derecha llaman relativistas a todos los que no le gustan. Es una palabra que se ha convertido en un arma que se puede arrojar al adversario, y ante eso, no se puede hacer nada".

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