"El Festival no es elitista; elitista es la música mala porque gusta a pocos"

  • El certamen internacional de música clásica cumple 60 años con Zubin Mehta y Daniel Barenboim como grandes figuras · "Hay que fomentar la confianza del público en la programación", dice Enrique Gámez

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Acaba de llegar de ver a la Tarasca, que este año está vestida de Margarita Xirgu con uno de los trajes de la ópera Ainadamar, una de las grandes apuestas del Festival de Música y Danza que comienza mañana con Zubin Mehta al frente de la Orquestra Comunitat Valenciana. "La verdad es que estaba bastante guapa aunque he escuchado decir que La Tarasca estaba vestida de invierno, que no pegaba en esta época", explica con humor el director del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

-El Festival cumple 60 años. ¿Tiene buena salud?

-Imagínese lo que son 60 años en la historia musical de España, es un escaparate desde el 52, con un país predemocrático en el que la cultura jugó un papel preeminente en este proceso de apertura. Nunca se han valorado estas cosas porque la cultura modifica la evolución de los pueblos cultural y políticamente. El festival ha sido un escaparate internacional para grupos y artistas que en algunos casos estaban vetados.

-El Festival utiliza ya Facebook y Twitter como medio de comunicación con los espectadores. ¿Tiene previsto ahondar en este camino apostando, por ejemplo, por retransmisiones on-line de algunos espectáculos?

-Todo se puede hacer pero es una cuestión estrictamente económica y de derechos de imagen. Los avances técnicos tienen su legislación y sus pagos, es un negocio. Para nosotros es muy interesante y ya hay formaciones como la Orquesta Filarmónica de Berlín que han apostado por esto. Pero en nuestro caso nos encontramos con que hay que negociar con los artistas para las retransmisiones, están los derechos de imagen correspondientes, hay que negociar con las editoriales para aquellas partituras que estén sujetas a derechos de alquiler, con los herederos de los autores que están todavía sometidos a derechos de autor... Hay un acuerdo con el Patronato de la Alhambra para ir viendo año a año los conciertos susceptibles de ser comercializados o retransmitidos.

-¿A la hora de programar música más contemporánea influye que los músicos estén todavía sujetos a los derechos de autor?

-Claro. Sufrimos una presión muy fuerte de las discográficas y los medios especializados en cuanto a la conformación del gusto en el consumo cultural. Todo el nuevo material que aparece muere a principios del siglo XX. Más allá de la Consagración de la Primavera es muy raro encontrar cualquier obra relacionada con el siglo XX, algo que nunca antes había pasado en la historia de la música. Ahora mismo somos menos contemporáneos que nuestra propia música. No hay autores más contemporáneos que Mozart, Bach o Beethoven porque nunca la música fue tan presente como en su época. Norman Lebrecht, en ¿Quién mató a la música clásica?, dice que todavía estamos sujetos a los conceptos del siglo XIX de la definición del gusto. En definitiva, los festivales son consecuencia de la imposición de una forma de exponer las cosas como en un catálogo. Se ponen las obras como un cuadro en una exposición y ese concepto choca en muchos casos con la realidad cultural y tiene que ver con el público que en la actualidad falta a las salas, el público joven. A eso hay que sumar toda la presión que hay en el entorno porque se promociona continuamente un determinado tipo de música. Además, en los centros educativos se enseña fatal la música clásica porque entra por los codos, no por el corazón. Intentar que a alguien le guste Mozart o Stravinsky porque ha leído su biografía es un error.

-¿Por eso les ha costado más vender entradas de propuestas más contemporáneas como las óperas 'Ainadamar' y 'Solimano' y, en cambio, las entradas para 'Giselle' volaron en pocos días?

-Está todo relacionado con lo mismo. En el cine, por ejemplo, está el cine comercial y el cine de autor, que tiene su especificidad y su público. Nuestro objetivo es llenar las salas, por supuesto, y nuestra misión es propiciar la creación, adaptarnos a los nuevos lenguajes y métodos de expresión. Es algo consustancial al ser humano. Identificar lo contemporáneo con un tipo concreto de arte significa una reducción.

-Con internet, que pone al alcance del espectador cualquier espectáculo, ¿un estreno absoluto es el baremo para calibrar la vitalidad de un festival?

-Es algo importante... En esta edición, además de Ainadamar y Solimano tenemos el estreno de Negro-Goya del Ballet Nacional de España, Arcángel con la Accademia del Piacere... Los estrenos son parte de la fiesta, en un regalo que hay que abrir. Somos una sociedad tan conducida que se ha coartado la libertad expresiva de las personas ante el hecho artístico. Por esto los festivales han sido tan importantes en la evolución ideológica de los personas, estamos en la cuarta o quinta generación de público en el festival. En nuestro caso, la presencia del festival ha propiciado la construcción del Auditorio Manuel de Falla, que se creara la Orquesta Ciudad de Granada...

-La Reina asiste el viernes a la inauguración con Zubin Mehta, esta vez en visita oficial. ¿Qué supone su presencia?

-Es nuestra presidenta de honor y es una mujer que significa mucho en la cultura de este país, con una presencia constante en los actos culturales.

-Mediáticamente tendría más repercusión la presencia de doña Letizia...

-Bueno, vendrá cuando le corresponda. Pero nosotros encantados siempre que nos visite la Casa Real.

-Hacía años que no coincidían dos directores tan mediáticos como Mehta y Barenboim...

-Es la primera vez que coinciden dentro de la misma programación pese a lo amigos que son. La presencia de Mehta es un orgullo y le vamos a invitar para que venga en más ocasiones. Vino hace 43 años, era un joven muy talentoso, el Gustavo Dudamel de entonces, artistas que nacen geniales. Ahora vuelve convertido en uno de los artistas más singulares de nuestro tiempo.

-¿Qué supone, además de un quebradero de cabeza, que acabe el periplo de ocho años de Daniel Barenboim como director invitado del Festival?

-Acaba su relación programática pero en el futuro le invitaremos como pianista o director y le daremos la Medalla de Honor del Festival. El año que viene no estará pero estamos trabajando para tenerlo de nuevo, porque por ejemplo estamos ya trabajando en la ópera que inaugurará el festival en 2014.

-Se habla mucho de los presupuestos cada vez más ajustados de los festivales. Sin embargo, ¿han bajado también los cachés de los artistas?

-Hay sobre todo una mayor flexibilidad y una mayor cantidad de pies puestos sobre la tierra. Es que hay muchos artistas donde elegir y hay artistas que económicamente se portan mejor. Es que hay 800 artistas para contratar, y los que se ponen bravos... Pues me parece bien, pero quedan 799. La crisis ha puesto las cosas en su sitio.

-¿Eran disparatados los cachés de los artistas antes de la crisis?

-Pero ojo, no es solo por la música clásica, es por el fútbol, por los cantantes de rock, por lo que se pagan por una obra de arte... No importa lo que se compra sino quién lo compra, porque lo hace para demostrar su prestigio y su dinero. Hay grupos de rock maravillosos que fijan el número de espectadores, los precios, el tipo de espectáculo, y los promotores tiene que luchar para llenar estadios de 50.000 espectadores.

-En cuanto a los precios, hay entradas a 15 euros para el concierto de Zubin Mehta. ¿Cómo se rompe con el tópico de festival elitista cuando es más barato escuchar al Mehta que a un grupo de pop del montón?

-Es que elitista es la música mala porque le gusta a pocos. Los precios tendrán que tener sus revisiones para adaptarlos, por arriba y por abajo. Es verdad que durante años se ha creado una percepción de que es caro, que es difícil conseguir entradas... Es verdad que hay espectáculos que tienen gran demanda de entradas, y que suelen ser los que se programan en un fin de semana, y otros que son más difíciles de vender. Hay que fomentar la confianza del público en la programación.

-En el Patio de los Arrayanes hubo división de opiniones el año pasado con un concierto de piano contemporáneo. Unos salían entusiasmados y otros bastante menos eufóricos. Este año, en los Arrayanes actúan jóvenes que rozan los 30 años dentro del proyecto Musma. ¿Es una muestra de la internacionalización del festival?

-Es el arte. El Musma es parte de esa colaboración internacional entre nueve festivales para respaldar a los nuevos intérpretes y compositores. No veo como una obligación propiciar espacios creativos para los jóvenes, surge como algo natural. Hay que programar a las estrellas, por supuesto, pero las estrellas no tienen edad. Este año está Alba Ventura, José Enrique Bagaría, que representa a una generación gloriosa. Ahora hay más cantidad de artistas grandísimos que hace 30 años.

-En el flamenco llevan años apostando por una generación de artistas que integran Estrella Morente, Arcángel o Poveda.

-Apostamos por los artistas que imprimen una actualidad y una evolución al flamenco, que es un género totalmente vivo. Tenemos la suerte de contar simultáneamente con la generación más esplendorosa del flamenco. Es el momento dorado en cuanto a la renovación.

-¿El Círculo de Mecenazgo es ya una de las patas importantes a nivel económico?

-Lo está siendo ya sin género de dudas. Además tenemos ya un convenio firmado con el Milenio de Granada para tres años.

-Las programaciones de los últimos años están siendo muy sensibles a las efemérides. ¿Qué celebraciones recogerá el festival el próximo año?

-Habrá referencias a Debussy, de quien se cumplen 150 años de su nacimiento. Las efemérides nos inspiran a la hora de programar para ver cómo la danza y la música han contado ciertos acontecimientos históricos. Eso es lo que me interesa para componer estos ciclos. Tomás de Victoria, que es recordado este año, es el Mozart del siglo XVI. Es una obligación ética y estética compartir su obra con el público.

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