Fragancias francesas

El segundo concierto de otoño de la Orquesta Ciudad de Granada nos ha transportado esta vez a París, la ciudad del amor, pero también la capital de la vanguardia musical a comienzos del siglo XX. Precisamente, esto es lo que ha servido de hilo conductor para la OCG en su segundo concierto de esta temporada. Aires franceses, fragancias cargadas de nuevas propuestas creativas que en los albores del siglo pasado representaban todo un movimiento revolucionario en el mundo musical que pronto se extendió por toda Europa.

Si la semana pasada visitábamos Bohemia de manos de un checo, ésta ha sido el director francés Marc Soustrot quien nos ha guiado por los evocadores caminos del programa. Hábil en su oficio y claro en su gesto, este director ha sabido dibujar la música que emanaba de cada una de las cinco partituras escuchadas, sacando un gran partido a la OCG. Abrió el concierto con una formidable versión de la Suite Pelléas et Mélisandre de Gabriel Fauré No por conocida deja de sorprender esta obra, música incidental compuesta por el compositor francés en los albores del siglo XX. Desde un estilo muy personal Fauré anticipa el impresionismo; así, cuando dibuja las escenas de este drama de Maeterlinck lo hace creando atmósfera, dibujando situaciones y personajes que no tienen necesariamente una intención programática. El resultado es una partitura encantadora, de muy buena factura, aprovechada al máximo por director y orquesta. Cabría destacar el buen trabajo de las trompas, a las que Fauré requiere en varios momentos una entrega y esfuerzo destacables.

Siguiendo a Fauré encontramos a Maurice Ravel, representado por su Pavana para una infanta difunta, ensoñación sinfónica de tintes intimistas que ya es bien conocida por la OCG. Si bien el director ha estirado al máximo el tiempo, esto no ha impedido que construya con enorme coherencia la obra. Junto a Ravel, cerrando la primera parte se interpretó El festín de la araña de Albert Roussel. Nuevamente los vientos de nuestra orquesta han destacado por su calidad sonora y su musicalidad.

La segunda parte estuvo consagrada por entero al definidor del impresionismo, al compositor Claude Debussy. Dos obras sinfónicas de su producción pertenecientes a dos momentos distintos de su carrera sirvieron de muestra para terminar de definir este tributo a la música francesa impresionista que ofrecieron Soustrot y la OCG. La primera de ellas fue el Preludio a la siesta de un fauno, con la que Debussy se consagraría como compositor en los últimos años del siglo XIX, apuntando ya el estilo impresionista musical. Nuevamente Marc Soustrot sacó el máximo partido a la sucesión de imágenes oníricas que Debussy concibió basándose en la égloga de Mallarmé de mismo título; Juan Carlos Chornet a la flauta ha sido el encargado de abrir el Preludio con una de las frases para flauta más bellas y a la vez complicadas de la literatura musical.

El broche de oro a una velada llena de evocadores momentos se puso con La caja de juguetes, ballet compuesto por Debussy al final de su vida. Una vez más Soustrot equilibró las fuerzas tímbricas de la OCG y dibujó cada motivo melódico con habilidad y claridad, haciendo disfrutar a un auditorio satisfecho que ovacionó prolongadamente al director y a la orquesta.

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