Crítica de Cine

La Francia que ha venido

Fotograma de 'Historia de una indecisa'. Fotograma de 'Historia de una indecisa'.

Fotograma de 'Historia de una indecisa'. / g.h.

Decíamos aquí la semana pasada a propósito de Sin rodeos, de Santiago Segura, que su éxito transversal y su implementación del humor cuñadista desde una (falsa) perspectiva feminista, auguraba un mayoritario voto naranja en las próximas elecciones. Pues bien, la cinta francesa Historia de una indecisa parece confirmar que en el país vecino la política liberal y de marca blanca de Macron también tiene ya su cine anestésico y acrítico destinado a hacer creer en el espejismo de una sociedad plural e igualitaria donde las mujeres han hecho ya su particular viaje de emancipación y liberación de los yugos propios y ajenos.

Nuestra protagonista (la popular Alexandra Lamy) arrastra un defecto de infancia en su incapacidad enfermiza para tomar decisiones (sic), premisa para los gags y punto de partida para su búsqueda de la felicidad (el amor, la pareja, nada más) vía Tinder después de que su patético esposo la deje plantada. Lo que sigue es un juego de opciones entre dos hombres encantadores aunque imperfectos que libera el cotilleo y la frivolidad femeninas entre reuniones de amigas para siempre, citas frustradas y estampas de romanticismo turístico.

Con unos intérpretes obligados a hablar a toda velocidad y un sentido de la puesta en escena netamente televisivo, Historia de una indecisa vuelve a vender el humo de un feminismo glamour a costa de hombres blandengues y conquistas pírricas, o lo que es lo mismo, perdona y perpetúa todas y cada una de las situaciones patriarcales que aspira a caricaturizar.

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