CRÍTICAS DE CINE

Gere y Sarandon: gallina vieja da buen caldo

Drama / Thriller, EE UU, 2012, 100 min. Dirección y guión: Nicholas Jarecki. Fotografía: Yorick Le Saux. Intérpretes: Richard Gere, Susan Sarandon, Tim Roth, Laetitia Casta. Cines: Cinema 2000, Kinépolis.

Nicholas Jarecki -hermano de los grandes documentalistas Andrew y Eugene Jarecki, autores de Capturing the Friedmans o The Trials of Henry Kissinger- prometía desde que escribió junto a Bret Easton Ellis, autor de los relatos, el guión de The Informers y desde que presentó en varios festivales internacionales The Outsider y Tyson -premiado en Cannes-. El fraude cumple estas promesas para quienes amamos el buen cine comercial y tal vez decepcionará a quien sigue creyendo que público y directores, o taquilla y arte, tienen que estar necesariamente divorciados.

No acierta por casualidad. Tiene clara su meta y los medios para llegar a ella. Primero un excelente guión, escrito por él, que se centra en el inestable equilibrio de un mago o tiburón de las finanzas, triunfador en su profesión y feliz en su vida familiar, justo en el momento en que todo -lo profesional y lo privado- podría derrumbarse. Todo lo que ya se sabe sobre este tipo de argumentos, y se espera de ellos, está utilizado: lujo, angustia, suspense, muerte, investigación, incertidumbre, mentira, ocultación. Pero Jarecki, buen guionista, juega estas viejas cartas marcadas por usos de tramas similares como si fueran nuevas gracias a toques de inteligencia en los matices, a una excelente administración de los tiempos y de los golpes de efecto; y sobre todo al intenso trabajo sobre los dos personajes principales, el magnate y su esposa, que -¡sorpresa!- no son estereotipos de ricos y perversos, sino seres de carne y hueso que hacen sufrir y sufren, engañan y son engañados, hieren a la vez que aman, crean a la vez que destruyen. El duelo final entre los dos -visualmente resuelto en una acertada gama de blancos y negros- es espléndido.

Dado este primer paso, el del buen guión, el siguiente había de ser necesariamente el de la elección de sus intérpretes. Y este es el segundo acierto de Jarecki. Elegir dos grandes actores -él redimido por esta interpretación de una mala racha y ella confirmando su inmenso talento casi nunca puesto en cuestión- que dan perfiles poco convencionales a los personajes. Gere representa las dos caras, ciertas a la vez, de tantos triunfadores a los que la carencia de escrúpulos no resta encanto, la dureza despiadada en los negocios no priva de afectividad o vulnerabilidad emocional. Sarandon escenifica en gran trágica a la mujer que ve derrumbarse su universo de seguridad económica y certeza emocional, cuya fragilidad jamás pudo sospechar.

Sobre la base de que el hijo de mala madre puede ser un buen padre (al menos en la primera mitad de la película), o de que el especulador que juega al límite de la legalidad -y de vez en cuando lo sobrepasa- es un ser con sentimientos, Jarecki logra el difícil ejercicio de hacer que el espectador se haga cómplice del personaje de Richard Gere sin por ello dejar de detestarlo. Lograr esto en el corazón de la crisis desatada por tiburones como él no es fácil. El cine lo logra. Jarecki pulsa con acierto el siempre peligroso pedal que pone en marcha esa especie de inconsciente delictivo del espectador que le hace desear que el malo se salve. Su mérito es no hacer trampas presentándolo como una víctima, como un hombre hecho a sí mismo a quien se le disculpa la brutalidad o la carencia de escrúpulos en función de su origen. El protagonista de esta película es como ha querido ser y vive como quiere vivir. No se le absuelve. Pero tampoco se le convierte en un monigote.

Buen guión, buenos personajes y buenos actores hacen buena película. Mejorada por una puesta en imagen de tal corrección y tan limpia escritura que podría recordar a Sidney Pollack. Digo podría, no que lo logre. Pero esto ya es mucho en un debutante.

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