Góngora, disección de una luz

  • El catálogo de la exposición 'La estrella inextinguible' constata la vitalidad de los estudios gongorinos con una selección de ensayos de grandes expertos como Robert Jammes, Antonio Carreira o Amelia de Paz

El eco que deja la visita a la exposición Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, inaugurada el pasado miércoles en la Biblioteca Nacional (Madrid), adquiere una fascinante cualidad de multiplicación y un inusitado perfil expansivo si el visitante sale del histórico edificio con el catálogo editado por Acción Cultural Española. Y no ya porque en él, como es preceptivo, se contengan las obras reunidas para la ocasión, con sus características, datación y procedencia, sino porque más de la mitad del voluminoso tomo ofrece al lector una selección de ensayos de algunos de los mayores expertos en el poeta cordobés. Diecisiete textos que a lo largo de 230 páginas revisan distintos aspectos de su vida y su producción literaria. Están, entre otros, Robert Jammes, Antonio Carreira, Amelia de Paz (responsable del hallazgo del manuscrito que se ha hecho público esta semana), Joaquín Roses (comisario de la exposición), Enrica Cancelliere, Jesús Ponce, Laura Dolfi, Melchora Romanos, Carlos Clementson y, como cierre, Pablo García Baena. Se analizan los contextos históricos que explican su obra, la difusión y la transmisión de la poesía gongorina, su relación con la música, su teatro, la extrañeza sublime de las Soledades, los conceptos de forma y color en el Polifemo, la recepción de Góngora en Europa y su estela en América, su proyección en la literatura española del siglo XX... Es la última hora del gongorismo. La pausada y sugerente disección de una luz.

Robert Jammes, autoridad máxima en el cordobés, subraya al inicio de su texto, Poeta para nuestro siglo, "la sorprendente actualidad de Góngora". Y tras un repaso de su trayectoria (y constatar que "en ningún momento Góngora deja de ser Góngora"), concluye: "Sueño dorado, utopía, y en contrapunto la realidad: este es el lirismo, moderno en su complejidad, que puede atraernos hoy, el que nos hace falta ahora". Interesa al experto poner de manifiesto "la capacidad de Góngora, en sus arrebatos líricos, para no perder contacto con la realidad; o, invirtiendo los términos, para no permitir que su aguda conciencia de la realidad ahogue el entusiasmo poético".

Amelia de Paz revisa su vida, de la que "sabemos menos de lo que creemos". Y lo que sabemos "apenas nos ilustra acerca de aquello por lo que Góngora se eleva sobre el resto de los mortales y que es la causa de que -seducidos por el espejismo de las verdades auxiliares- prestemos atención a las vicisitudes de su experiencia personal como buscando en ellas la explicación, o la corroboración, de esa excepcionalidad. La vida de Góngora es, como corresponde, impenetrable. En esa opacidad preserva toda su grandeza y sus miserias".

Antonio Carreira analiza la difusión de la poesía gongorina a partir de la afirmación de que el cordobés constituye un caso "peculiar". Poeta "precoz y de fama temprana", la transmisión de su obra "en 47 años de vida productiva" se puede dividir en tres etapas: "La primera y más larga, que va de 1580 a 1612, posiblemente sea la única en que predominan los impresos"; la segunda "empieza con la composición de sus grandes poemas, hacia 1612, y llega hasta 1620"; y la tercera "corresponde a los últimos años de su vida y primeros de su fama póstuma". En la segunda, la polémica que originaron sus grandes obras "no debería ocultar el hecho, muy significativo, de la admiración que se les tributó, visible en citas, comentarios, imitaciones y parodias. El poeta, en plena madurez, era ya considerado un gran maestro, aunque hubiese algunos reacios a sus novedades". La última fase "se caracteriza por el afán de reunir su obra y comentarla, tanto en manuscritos como en impresos".

En La magnitud estética de Góngora, Joaquín Roses afirma que la poesía del autor de las Soledades "no es sólo un conjunto de textos, la poesía de Góngora es el cometa que cruza, su origen estelar, su fugaz trayectoria y las partículas minúsculas que se desprenden de su estela. A ese 'universo de universos', como decía Darío de los creadores, se accede con las llaves diversas de la lengua, de la ecdótica, de la métrica, de la historia, de la retórica, de la literatura, de la poética, de la música, de la pintura, de la lectura..., de esas constelaciones nobles y cíclicas llamadas studia humanitatis". Y más adelante: "Parte de la poesía de Góngora, por su armonía, proporción y equilibrio, está ligada al concepto clásico de belleza, ya que estos principios estéticos forman parte de ese canon teórico. Pero muchas composiciones de Góngora difieren de ese modelo estético, y subvierten los conceptos de belleza clásica. Eso es evidente en la llamada poesía burlesca, porque pese a sus devaneos cortesanos, tributo a una época donde eran moneda común, el espíritu de Góngora es el del disidente, que más que satirizar moralmente se burla de los grandes conceptos, reivindica el ingenio, se sabe poseedor de una fuerza secreta basada en el ejercicio de la inteligencia verbal, que se erige en un principio superior al de la belleza clásica".

Góngora, escribe Carlos Clementson, "ilumina y fecunda nuestra lírica de los años 20 y 30. En algunos de estos poetas su presencia o su recuerdo es detectable incluso en su poesía de senectud, como en Alberti, junto a Gerardo -Diego- los dos más originales discípulos del cordobés". Y a medida que crece el siglo "Góngora y la lección de la mejor poesía del 27 serán, en gran medida", los referentes "que sirvan de estímulo renovador a los integrantes cordobeses del grupo Cántico"; y "Góngora, y Rubén, y Alberti, y Aleixandre, y Pablo García Baena van a estar en la base de esa brillante recuperación de la poesía que llevarán a cabo los llamados novísimos a finales de los 60...".

Lola Josa y Mariano Lambea apuntan que "el genio cordobés, que revolucionó la expresión poética, inmortalizó en su obra lo musical como la esencial analogía del hombre con el mundo". Gustavo Guerrero explica qué representa el gongorismo hoy en Latinoamérica: "Una de esas raras y preciosas instancias que, como los cantos de ida y vuelta, nos permiten conjugar a la vez nuestro pasado común y nuestros presentes diversos, nuestras modernidades y nuestras posmodernidades, nuestra vieja identidad y nuestra siempre renovad alteridad". Y Pablo García Baena, que acude para hacernos comprender que "Góngora rehízo la naturaleza, la enjoyó con guirnaldas retablistas del barroco, no le bastó la belleza neta del paisaje y la hizo brillante instrumento de arte en acordes armoniosamente disonantes". Porque él es "la geometría exacta de los astros, la música inmutable de las esferas, el discurrir gradual de un dios 'sin precipitación y sin tregua', la medida técnica del huracán".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios