Gritos de arte en medio del Sáhara

  • Isidro López-Aparicio y Pamen Pereira viven durante 24 horas en dos hoyos de tres metros de profundidad en el festival Artifariti

A veces el arte puede gritar. Lo han hecho en el Sáhara medio centenar de artistas españoles, latinoamericanos, argelinos y saharauis en la segunda edición del festival artístico Artifariti con un objetivo común: luchar contra el muro de la vergüenza que separa, durante más de dos mil kilómetros, a un pueblo y su territorio.

El artista granadino Isidro López-Aparicio y la gallega Pamen Pereira -actual comisaria del festival- han gritado con una instalación llamada Aislamiento en medio del desierto. Dos hoyos de tres metros de profundidad en los que se han encerrado durante 24 horas. "Podríamos haber llevado el arte occidental más vanguardista y original pero hemos preferido mostrar en el Sáhara esta performance para criticar el absoluto silencio que hay en torno al conflicto", explica López-Aparicio. Como subraya Pereira en una de las reflexiones del festival, "dicen que el laberinto más difícil es el de una habitación vacía o el desierto. El pueblo saharaui vive en esa habitación vacía".

Un muro de arena de 2.700 kilómetros separa los territorios saharauis ocupados por Marruecos de la zona liberada por el Frente Polisario. Desde hace dos años el festival reúne a artistas en Tifariti, ciudad símbolo por la lucha saharaui, donde llegaron los primeros refugiados tras la ocupación marroquí en 1975. Durante dos semanas la ciudad ha albergado obras de arte realizadas con materiales autóctonos y restos bélicos, un proceso creativo en el que, cuenta el artista granadino, "se han involucrado muchos saharauis".

Un caballo de troya hecho con los restos de una bomba del mexicano Rolando de la Rosa, un bosque en la fachada de una casa de la pintora María Ortega o la instalación con velas de Eva Lootz, Premio Nacional de Artes Plásticas, han sido algunas de las propuestas.

Entre todas ellas, una de las más impactantes era la creada por López-Aparicio y Pereira que, vestidos él con la darraa y ella con la mehlfa -trajes típicos saharauis- vivieron la extraña experiencia de meterse en dos agujeros de arena durante todo un día. "Fue una auténtica carga de energía", a pesar del frío inmenso que pasaron, cuenta que los habitantes de Tifariti "venían y nos ofrecían comida, nos hablaban y vinieron incluso a sacarnos".

Aislamiento consistía en una propuesta estática y de movimiento. Si en una primera fase ambos artistas permanecían aislados en dos hoyos, separados por veinte metros el uno del otro, posteriormente subían a una plataforma elevada desde donde regaban agua atomizada a los asistentes. "Pasábamos -explica- del aislamiento oculto a un espacio en el aire y después con unas mochilas de agua representábamos tres elementos tan presentes en el desierto: tierra, aire y agua, como símbolo de vida y esperanza".

El expolio de sus recursos naturales, el exilio obligado, las duras condiciones de vida, las nulas posibilidades de desarrollo y el aislamiento fueron las temáticas sobre las que reflexionaron los artistas.

Así, Lootz planteaba con Luz para todos la necesidad de promover el desarrollo del pueblo saharaui a través de un programa de promoción de la energía solar y De la Rosa, en El Caballo de Troya Saharaui -colocado frente al muro el pasado día 10-, criticaba la poca implicación de la ONU rellenando las tripas del caballo con las distinas resoluciones que no ha cumplido.

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