Guitarra y nada más

  • Juan Manuel Cañizares rinde homenaje al maestro granadino Ángel Barrios con un concierto intimista en los Arrayanes

Con los deliciosos y evocadores rasgueos de la obra Flor granadina de Barrios comenzó la noche en los Arrayanes. Una velada donde la guitarra española de Cañizares sonó hermanada con la que tantas veces cogió entre sus brazos Angel Barrios. El entorno era ideal para recordarlo. El prestigioso compositor vivió en la Calle Real y toda su obra parece surgida de los delicados mocárabes de la Alhambra, de las aguas de los estanques, susurrada por ruiseñores. Matices que Juan Manuel Cañizares (Sabadel, 1966) expresó de maravilla con su guitarra. Tiene la virtud de moverse entre dos aguas, la guitarra clásica y la flamenca, lo que convierte sus interpretaciones en muy personales.

A continuación sonaron obras compuestas por Cañizares: Añorando el presente, Mar Caribe (una guajira con guitarra y palmas) Puente Arpegiado y Palomas. Fue interesante descubrir su faceta compositiva. Cañizares ha creado músicas para el Ballet Nacional de España, la película Flamenco de Carlos Saura o Al-Andalus, concierto para guitarra y orquesta en 3 movimientos dedicado a Paco de Lucía que estrenó la Orquesta y Coro Nacional de España dirigidos por Josep Pons, en el Auditorio Nacional.

No podía faltar Manuel de Falla, el músico que llegó a Granada de la mano de su amigo Angel Barrios. Con arreglos de Cañizares sonaron la Danza de los vecinos, la Española de la Vida Breve y la Ritual del Fuego, composiciones que en los Arrayanes suenan de una manera única.

El recital, sin intermedio, terminó con las obras de Cañizares Collar de Perlas, Cuerdas del alma y Lluvia de Cometas. Acompañaron al maestro la segunda guitarra Juan Carlos Gómez, en las castañuelas y palmas Charo Espino y con el cajón y las palmas, Angel Muñoz.

Fue un concierto intimista con el que el director del Festival, Diego Martínez, cumple su palabra de hacer todos los años un guiño al maestro Angel Barrios, tan merecido.

Barrios no sólo trajo a Granada a grandes artistas de la época como los Ballets de Diaguilev, sino que todo su legado y su casa los cedió a la ciudad.

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