Habitantes de la inopia

  • La nueva novela de José Antonio Garriga Vela refuerza la apuesta por una literatura de gran impacto emocional

Sabemos que las desventuras de una familia cualquiera pueden ser contadas de forma que compongan una historia memorable, pero la nueva entrega de José Antonio Garriga Vela pertenece a la rara categoría de las novelas que dejan huella en el lector y hasta cierto punto lo transforman, al ensanchar su campo de visión precisamente en la parcela de la realidad que por su cercanía suele pasar desapercibida. Como él mismo explica, la obra narrativa de Garriga tiende a la recreación de pequeños espacios que son descritos de modo minucioso hasta que aflora la profundidad oculta donde se agita el torbellino de las emociones. Es una literatura que fluye con naturalidad, contundente pero nada efectista, que inquiere el misterio de las relaciones humanas desde dentro, sin aspavientos, en un estilo aparentemente sencillo pero de gran fuerza expresiva.

Una familia cualquiera de un barrio cualquiera, cuya peculiaridad más reseñable es su fatal propensión a la desgracia. El narrador de Pacífico empieza siendo un adolescente que admira a Hemingway y se propone seguir sus pasos como escritor, aunque acaba, como su también admirado Kafka, convertido en agente de seguros. El tema de su novela será su propia familia, el modo en que ésta sucumbe al asedio inmisericorde de la desdicha. El padre es un viajante de comercio que siente debilidad por las mujeres jóvenes y mantiene una relación extraconyugal con la dueña de una perfumería. La madre es una comadrona que, tras la huida de su marido, se convierte en amante del inquilino realquilado, un periodista deportivo que forma desde siempre parte del paisaje de la casa. El hermano es un muchacho apacible que trabaja en un banco de sangre y, después de contraer matrimonio con su vecina de enfrente, es acusado injustamente de un delito nefando. Todo transcurre en la calle Comercio y aledaños, un universo cerrado en el que sus moradores, "habitantes de la inopia", afrontan como pueden los embates del infortunio.

Es una historia triste, tristísima, pero que alienta, con su verdad implacable, el pulso de la vida. Lentos, lejanos, silenciosos, ensimismados, "como funámbulos en un mundo sin red", dice el narrador, los personajes de Pacífico muestran una vulnerabilidad conmovedora, y en sus maltrechas evoluciones, narradas con una contención admirable que dosifica la expectativa, reconocemos un paisaje de desolación. No sólo los citados, pues el imperio de la desgracia se extiende a la constelación de secundarios: seres desvalidos que arrastran una melancolía incurable, víctimas de la fatalidad que asumen su destino y siguen ajenos a su tragedia.

El padre vagando por el parque con su maletín vacío, o de vuelta al hogar que ya no es suyo. El narrador soñando con héroes y gestas de imposible emulación. Hay decenas de momentos imborrables en este relato de perdedores que no apela al discurso fácil de los perdedores. Garriga ha escrito una gran novela, sabia y compasiva, descarnada pero sobria, extraordinariamente delicada. No de otro modo puede explicarse que, entre tanta derrota, brote un canto emocionado a la grandeza indestructible de la vida.

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