Heras-Casado dirige una ópera inspirada en la basura

  • La Fura dels Baus produce 'Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny', una obra de Kurt Weill y Bertolt Brecht en la que recurren a la instalación de un vertedero

La Fura del Baus ha hecho en Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, que estrena el jueves el Teatro Real, la puesta en escena más comprometida de su carrera, para subrayar la energía "rabiosamente actual" de este cuento cruel, de esta ópera "magistral" de los "visionarios" Brecht y Weill. El joven maestro granadino Pablo Heras-Casado, se pondrá al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid) y del nuevo Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo) para dar vida a la partitura de Weill en una "versión muy íntegra", tal y como él mismo la define.

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, de 1930, anticipa "el momento actual" de España: "esa burbuja inmobiliaria" que ha propiciado "campos de golf en el desierto" y "ciudades-pelotazo" sin habitantes, según explicaron ayer sus directores de escena, Alex Ollé y Carles Padrissa, de la Fura del Baus. Esta es la primera producción totalmente nueva que se estrena con Gérard Mortier al frente del Real. Mortier explica que no se trata de un musical sino de una ópera "magistral", "ni fácil, ni cómoda", a la altura de "Wozzeck", de Berg, y, "aunque pretende 'la facilidad de escuchar', no es My Fair Lady y quiere provocar el desasosiego del espectador". "Es un cuento cruel que no acaba con una respuesta sino con una pregunta".

Lo "más importante" de esta implacable sátira de la sociedad capitalista en tiempos de crisis, que combina elementos del jazz y el cabaré con la ópera tradicional para potenciar "la forma directa de habla", es, según su director musical, Pablo Heras-Casado, que antes de cada escena -un total de 21- "hay una moraleja". Heras-Casado, que se reunió junto a Mortier con la Fundación Kurt Weill para acordar los términos de esta nueva producción, explica que no existe "una versión definitiva" de la obra -se han hecho cerca de 60 montajes distintos- y que, cada vez que se pone en escena, "hay que tomar decisiones".

Respecto a su exigencia vocal, Heras-Casado destaca que "jamás" podría hacerla "un cantante de musical", porque "el único tipo de voz que puede afrontar" su "color oscuro y gris, a veces agridulce", es la dramática. "Queríamos que las voces fueran wagnerianas. Es una gran ópera, pero hay que saber combinarla y a veces aparece la dimensión de lo vulgar, y hay que equilibrar las canciones de los años 20 y 30 con la profundidad".

Aseguran que la producción que hizo Mario Gas en las Naves del Matadero del Español "no era la ópera", y que tuvieron, por ello, "muchos problemas" con la Fundación Kurt Weill: "Sería igual de herético o de grave que se hiciera en Matadero una 'Tosca" reducida a la mitad y con micrófonos; un escándalo". La dificultad más importante que han tenido en esta obra, "rabiosamente actual" y propia de "visionarios", es "darle coherencia de principio a final", pero creen que lo han logrado con su apuesta "austera" -"ni siquiera hemos agotado el presupuesto"-, de vuelta a los principios de La Fura, sin tecnología alguna en escena. Han trabajado "a través" del detritus, que inundará como un magma la caja escénica, una "ciudad escombrera" por la que trepan, rescatando su experiencia en Shanghái, "unos seres anónimos que son los que la levantan cada día".

El escenógrafo, Alfons Flores, que se inspiró en un documental sobre una "ciudad-vertedero" en un país latinoamericano, señala que se trata de que el público "se sienta contradicho, que proteste, que sea capaz de conmoverse", aunque sin pretender un escándalo como el que provocó su estreno hace 80 años.

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