Humor negro desteñido

Comedia/Thriller, Francia/EEUU, 2013, 111 minutos. Dirección: Luc Besson. Guión: Luc Besson, Michael Caleo (sobre el libro de Tonino Benacquista). Fotografía: Thierry Arbogast. Música: Evguéni Galperine. Intérpretes: Robert de Niro, Michelle Pfeiffer, Tommy Lee Jones, Dianna Agron, Domenick Lombardozzi, Vincent Pastore. Kinépolis, Cinema 2000.

Esta película reúne tres ejemplos de la caída del cine. La caída del cine francés, representada por la desaparición de una erre: de Bresson a Besson. Un chiste malo pero autorizado porque Besson se atrevió a filmar la vida de Juana de Arco también filmada por Bresson, además de por Dreyer o Rossellini (lo que nos llevaría a plantear la caída del cine europeo). La caída de Martin Scorsese, productor ejecutivo de este medio entretenido churro, sobre la que hablé en la crítica de Blue Jasmine. Y la caída de Robert de Niro, al parecer resignado a interpretar una y otra vez su propia caricatura.

Un mafioso delator y su familia son llevados de un sitio a otro como testigos protegidos. La Mafia, como ustedes ya saben, es una cosa muy divertida (Uno de los nuestros) o de trágica grandeza shakesperiana (El Padrino I y II), y no una organización criminal integrada por asesinos más bien horteras. Si erigieran monumentos, la Cosa Nostra debería alzar uno a Francis Ford Coppola (que la ennobleció trágicamente como Shakespeare a los reyezuelos sin escrúpulos o a los celosos estranguladores) y otro a Scorsese (que los convirtió en colegas simpáticos un poco majaretas y sanguinarios). Luc Besson no merece tanto. Con la historia de esta familia de mafiosos en fuga, este mal, ruidoso, superficial e influyente director y productor francés ha hecho un juguetito de usar y tirar que ofrece a Robert de Niro otra penosa ocasión de hacer de Florentino Fernández imitándole.

Además de la de este ex gran actor se desperdician las poderosas presencias de Michelle Pfeiffer (convertida en una caricatura de mala de Disney) y Tommy Lee Jones (bien, como siempre, porque está hecho a todo).

Las aventuras y desventuras de la familia mafiosa en un pueblecito francés de la Normandía apenas ofrecen algún destello de ingenio (la proyección en el cine club del pueblo de Uno de los nuestros comentada por De Niro) que invite a verla. Lo demás son chistes malos basados en el choque entre los americanos y los franceses (a cargo, sobre todo, de los hijos adolescentes y de la Pfeiffer) o en una violencia a veces bestial representada sin humor negro. ¿Comedia negra? No. Comedia gris.

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