Hyundai Blues

Corea del Sur 2008. 35 mm. Color. 123'. Dirección: Lee Yoon-ki. Guión: Park Eun-yeong, Lee Yoon-ki. Intérpretes: Ha Jung-woo, Jeon Do-youn.

No me cabe duda de que la presencia de esta producción, de generoso presupuesto y look occidentalizado, en Cines del Sur será discutida. Pero también es cierto que se trata de una encantadora y ligera película que equilibra el tono general de la competición. Road movie urbana, comedia sutil, Mi querido enemigo es un estudio de personajes que se beneficia de las imprevisibles reacciones de la pareja protagonista. La química entre el simpático gigoló, infantil pero sincero, y su desabrida ex novia que le reclama la devolución de un importante préstamo, es la materia sobre la que fluye la trama con la libertad de una improvisación jazzística. Toda la peripecia es el ir y venir por Seul buscando amistades, ex amantes y contactos que puedan ayudar a Byoung-woon a saldar su deuda, y cómo a través de ellos Hee-soo va descubriendo que su ex novio es todo un desconocido para ella. Al joven le sobra el barniz de ángel de Capra y el avinagramiento de la chica es a ratos forzado pero la agilidad de los diálogos y del guión en su conjunto nos lleva sin transición de los momentos cómicos a los más claustrofóbicos.

Lo bueno y lo malo es que en la película no ocurre gran cosa, ni los cambios en el carácter de ambos protagonistas -especialmente en ella- están muy marcados, así que no se avanza hacia un climax emocional, al que se renuncia expresamente. Las revelaciones deben ser leídas entre líneas, aunque están al alcance de cualquier espectador medio. Es en este subtexto donde el viaje avanza y donde reside el placer del visionado. Lee parece citar a Cavafis al mantener que lo importante es el viaje y no el destino de ese viaje. Se niega a transformar este viaje de conveniencia en un romance, lo que hubiera sido la decisión más obvia. Y compensa la lentitud con la que los personajes centrales se van transformando, haciendo que nos fijemos en los contactos de Byoung-woon, todo un muestrario social. Pero el metraje se alarga hasta las dos horas, algunos de esos encuentros episódicos están de más, aportan muy poco o incluso nos desvían del camino, y la tensión entre ambos protagonistas nos agota por reiterativa.

Visualmente es un trabajo impecable, que sabe sacar partido del continuo cambio de escenarios, sin excesos ni manierismos formales.

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