Íntima Patti, íntimo Lorca

  • La cantante neoyorquina regresa a la Huerta de San Vicente para tocar sus canciones en acústico y leer los versos del poeta granadino entregándose al aroma de la noche

Fue mágica hace diez años y lo volvió a ser anoche. Patti Smith, la gran poetisa del rock urbano, la musa neoyorquina, la mujer que cantaba frente a su banda improvisando versos a golpe de corazón, regresó ayer a la Huerta de San Vicente, la residencia veraniega de Federico García Lorca, a rendir un homenaje íntimo, callado, a uno de sus poetas favoritos. Armada tan sólo con su voz y su guitarra, como le habría gustado al autor de Bodas de sangre, Smith fue derramando sus versos y su garganta, entregándose al aroma de la noche y a un bullicio de recuerdos en el parque García Lorca.

Existe en Nueva York un círculo de músicos y compositores que adoran a García Lorca con fiereza. Entre ellos están Patti Smith, Lou Reed, Laurie Anderson o David Byrne. Todos ellos ya han pasado por la Huerta de San Vicente, además de Bob Dylan y Sting que, por la excesiva repercusión de sus conciertos, actuaron en su momento en el Palacio de los Deportes de Granada o en la Plaza de Toros. Otros, como el fallecido Joe Strummer, líder de The Clash, se habrían mostrado encantados por protagonizar alguno de estos eventos, criticados desde ciertos sectores de la sociedad granadina por el escaso aforo que tiene la Huerta de San Vicente y la imposibilidad de que puedan ver a esos artistas más de trescientas personas.

Los responsables de la Huerta de San Vicente se defienden alegando que se trata, precisamente, de conciertos íntimos, casi susurrados al oído, actuaciones que quedarían desvirtuadas si se produjesen ante una gran masa de espectadores.

Y así fue Patti Smith anoche, una voz tranquila, susurrante, una garganta descarnada y limpia que invocaba la presencia de Lorca en la noche y le hacía centro de su tributo más personal.

Patti Smith arrancó la noche con la canción Great folk, de pie con su guitarra, con sus viejos vaqueros y sus botas. Luego leyó su poema Rider's song. Así se mantendría toda la velada, alternando canciones con acústica (en ocasiones con la improvisada compañía de Tom Lardner, un músico neoyorquino afincado en Granada y miembro del grupo ElDog House al que la cantante le había pedido que ejerciera de guitarrista a última hora) con la lectura de poemas propios y poemas de Federico García Lorca como Oficina y denuncia o Humilde elegía a Granada. Eso sí, en inglés, algo que resultó un obstáculo para parte del público que no entendía ese idioma.

También rindió homenaje a su marido Fred Smith, muerto a los 44 en 1995 y del que dijo que había pasado años intentando escribir un poema sin conseguirlo hasta que visitó Granada en 1998. La cantante relató que el nombre de su marido, Frederick, era el mismo que el de Lorca, un poeta que, precisamente, regresó a Granada en 1936 para celebrar su santo. Smith terminó escribiendo el poema a su marido, Saint Frederick.

Otro que no cayó en el olvido fue Jim Morrison, que murió tal día como ayer, 3 de julio, hace 37 años. "Yo admiraba a Jim Morrison no por su pasión por el whisky o las drogas que terminaron matándolo, sino por su poesía". La cantante hizo en su honor una versión de The Doors.

El concierto tuvo cierto aire de improvisación, pero también de espontaneidad. "Si estoy pareciendo desordenada", le dijo al público, "esto no es nada. Deberían ver mi casa". Así fue calentando poco a poco , interpretando temas como Helpless, de Neil Young, haciendo un experimento al cantar a capella Because the night, uno de sus grandes éxitos de los años setenta o leyendo en inglés ("Lo hago porque Lorca es univesal", le dijo a un espectador) Son de negros en Cuba. Y concluyó con un espectacular Gloria y el público puesto en pie, absolutamente entregado. Patti Smith volvió a poner a Lorca donde merece: en lo más alto.

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