El viajero con ricardo garcía

Jardines perdidos de Granada

  • El pintor Ricardo García, que inaugura el próximo jueves la exposición 'Árboles', se adentra en el corazón de la ciudad para atrapar las formas y la luz de sus vergeles

En una apresurada primera visita a la ciudad de la Alhambra, quedarán numerosos rincones escondidos a los ojos del viajero de ese "paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos" que Soto de Rojas recogiera en la portada de su libro y que Federico García Lorca mencionara en Impresiones. El pintor granadino Ricardo García (1963) también prefiere esa otra Granada, la de las callejuelas, la de los jardines, unos cerrados, y otros perdidos, no sólo por la maraña de paradas turísticas obligatorias, sino porque han quedado atrapados tan sólo en su memoria.

La ruta comienza en el Jardín Botánico, un espacio que para él se trata de "un lugar para el hombre de la calle, un posible paraíso en el corazón de la ciudad". Este artista multidisciplinar se fija en la luz de la tarde sobre los bancos en un solitario vergel que se encuentra en pleno centro histórico junto a la Facultad de Derecho.

Como pintor de arte moderno, todo sirve para buscar, aunque confiesa que "lo difícil es encontrar". Son válidos la luz y sus opuestos, la forma, la topografía de los elementos o la distribución de los espacios, junto a los efectos de tridimensionalidad, mientras que el color es un elemento compositivo más en su obra.

En la exposición que se inaugura el próximo jueves en el Centro Cultural Gran Capitán con el patrocinio de Granada Hoy, sus acrílicos aparecen en blanco y negro. Este último color está presente en las obras que integran Árboles con gran vitalismo, de manera que se adivina el sol aunque no esté presente el amarillo. Existen huecos por donde se cuela luz, a veces por imprecisas ventanas. Los versos de Antonio Carvajal le han servido de inspiración para que, a partir de fotografías de un bosque y sirviéndose de las nuevas tecnologías, el autor llegue a un resultado sorprendente.

García reconoce que la mímesis puede ser parte inductora del proceso creativo, pero a la vez comparte la frase de Shönberg: "Las leyes naturales no conocen excepciones; las leyes artísticas se componen ante todo de excepciones".

Según la profesora de Lengua y Literatura Marga Blanco Samos (Granada, 1973), las palabras de Lorca "hay que libertarnos de esta realidad natural para buscar la verdadera realidad plástica" le vienen como anillo al dedo a la obra de Ricardo García. Este último parte de la máxima de que todos los débitos de lo natural son siempre en su pintura circunstanciales, "sólo un eco que el momento que vives te provoca".

Los alrededores de la Facultad de Derecho, las iglesias, las estatuas, los aledaños de la Catedral, Gran Capitán siguen envueltos por la luz de la tarde ý Por aquí se encuentran callejuelas en las que Ricardo García reconoce unas magníficas perspectivas, sin poderse liberar de su instinto también como fotógrafo. Para el pintor hay que estar abierto al uso de las nuevas tecnologías y, después ir discriminado aquello que se necesita. "¿Por qué poner puertas al campo?", se pregunta.

El corazón de la ciudad late con fuerza en estos espacios, donde ya se nota la presencia de los estudiantes tras las vacaciones, de los trabajadores, de los habitantes de toda la provincia que acuden por el reclamo de las rebajas. La capital ha recuperado la normalidad. Está tan viva como siempre.

Otro rincón escondido guarda Los Jerónimos: un pequeño jardín en el que Ricardo García reconoce un lugar ideal para celebrar actividades culturales.

Desde aquí, la ruta se acelera con el deseo de llegar a una meta, un paraíso que ya sólo existe en su memoria, plagado de calles con infinidad de casas alineadas, que parecían todas iguales. En su exterior, moreras, en cuya sombra en verano daba gusto estar. Cerca, el colegio en el que recibió sus primeras enseñanzas. Se trata del Barrio de Fígares, obra de Matías Fernández-Fígares, donde pasó parte de su infancia. Todavía hoy quedan algunas casas perdidas, testigos de un pasado que se adivina como de una estética encantadora.

Este barrio supuso en la época una obra de gran interés social con una superficie construida superior a los 30.000 metros cuadrados. El arquitecto nacido en Granada en 1893 y fallecido a los 43 años, realizó numerosas obras de reforma y ampliación en el casco histórico de Granada y fue autor de diversas edificaciones de nueva planta en Cuesta de Escoriaza, Natalio Rivas o Gran Vía. También fue el autor del proyecto del antiguo Estadio de los Cármenes.

El recorrido se puede ampliar por infinidad de espacios escondidos en los que el viajero y su guía se topan con la presencia del agua, de manera inevitable en una ciudad como Granada. Y es que el líquido elemento también flota en su universo creador, su pintura es especialmente acuática en general, con distintas fluctuaciones hacia lo aéreo o lo matérico. El pasado verano, durante los Cursos sobre la Cultura del Agua que se celebran cada año en el Balneario de Lanjarón, presentó una performance en la que chorros de color y juegos de agua sobre fotografías pintadas en el fondo de una bañera recreaban el final de Ofelia, relacionando -como suele ser habitual en su obra- pintura con otras disciplinas.

La literatura, la música o, simplemente, la experiencia vital, configuran su universo de partida. De esa manera, juega a la difícil pero apasionante actividad de 'casar' el título de sus cuadros con el nombre de, por ejemplo, una poesía. Asegura el artista que "todo está ahí" y, de pronto, "se confabulan" los elementos para que se unan. Todo es válido para sus distintas búsquedas. Y por eso continúa buscando de manera infatigable.

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