Javier Conde, memoria de la guitarra

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Acaba el Festival de la Guitarra con un cierre espectacular. Javier Conde, el jovencísimo Javier Conde, con una gran técnica y una capacidad de mimetismo asombroso, remeda a los clásicos más cercanos de la guitarra de flamenco de concierto, en un recital que dio en llamar Maestros y estilos. Una conferencia del el escritor e investigador Norberto Torres, Maestros de la guitarra flamenca, servirá como luenga presentación e introducción de lujo para las eficaces propuestas del guitarrista extremeño. Las características de este tocaor son muchas: virtuosismo, brillantez, agilidad, madurez interpretativa, dominio de la dinámica sonora, que viene a ser el nivel de intensidad que se le aplica al instrumento, es decir, los altibajos necesarios para una buena interpretación. Las fisuras son inexistentes, acaso un punto de frialdad poco sazonada achacable a su juventud. Javier Conde se define como un intérprete, más que un compositor-creador, aunque, como veremos a los postres, también despunta en esta faceta. Es algo que hay que agradecerle, pues mantiene de forma rigurosamente viva la memoria de la guitarra y se asegura un repertorio de éxito. Así, sin los aspavientos típicos de los niños prodigio, y adecuando la guitarra a la afinación de cada maestro, Conde comienza con las alegrías Llegando al Puerto de Víctor Monge Serranito. A las que les sigue la rondeña Doblan las campanas de Paco de Lucía, las guajiras Brisas antillanas de Andrés Batista y el garrotín De la Vera de Rafael Riqueni. Su perfección es tal que, apartando la mirada del concertista, parece que estuviéramos escuchando al mismo autor. La velada continúa con Aires de Puerto Real de Sabicas, quizá la soleá más bella que se ha escrito para guitarra. Javier, haciendo un simpático gesto de comicidad, añadió como propina La Pantera Rosa de Henry Manzini, que dedicó a Norberto Torres.

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