Jerez sin tacones

Después del torbellino jerezano cualquier cosa nos parecería poco. Por eso, entre otras cosas, a María José León se le notó desabrida. Melchora Ortega, una de las voces más solicitadas del momento, vino a conquistar la plaza. Muy de tarde en tarde tenemos oportunidad de contemplar una fiesta con el compás y el soniquete de una de las cunas del flamenco. Melchora se arrancó a palo seco, con unos martinetes repletos de ecos y melismas. Continuó por tangos, en los que se descalzó, para seguir así el resto del concierto. Es muy comprometido exponer tangos en Granada. Estuvo suelta y graciosa. Airosa, se acompañó con su propio baile, muy propio de las artistas de aquella zona de Andalucía, y remató con un guiño morentiano. Pero serían las bulerías finales donde impondrá su magisterio, fue rotunda, sin objeciones. La seguiriya nace de las entrañas, es desgarradora, impregnada con el aguardiente y empaque propio de los artistas de Jerez. Nos recordó en momentos, salvando las distancias, a Aurora Vargas. También hizo fandangos.

Entre los músicos, un guitarrista, Juan de la Isla, inmejorable, con bastante protagonismo; y tres palmeros, David Lagos, Manuel Macano y Carlos Grilo, que dieron dimensión a la fiesta.

María José León y los suyos comienzan por un popurrí de zambra y copla caracolera (Carcelero, Salvaora, Malvaloca...) con aires festivos. Todo su recital fue bastante buleaero. La joven sevillana baila con mantón y cola. Deja mucho que desear. Tiene buenas formas, estilo y presencia. Ganaría puntos si el cuadro que la arropa fuera más fino y reciclado. Los músicos hacen fandangos, mientras María José se prepara para su mejor entrega. Conoce la soleá y la domina por los cuatro costados. Terminan por bulerías. Ella cierra la noche incorporándose a este palo.

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