Jesús Conde: África pura

  • El pintor malagueño afincado en Granada inaugura esta tarde en la galería Ceferino Navarro la exposición 'Sahel', inspirada en sus constantes viajes por países como Malí o Burkina Fasso

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"En realidad, no he hecho una pintura sobre África, sino sobre mi infancia". Así define el pintor malagueño afincado en Granada Jesús Conde su exposición Sahel, que será inaugurada esta tarde, a las 20.00 horas, en la galería Ceferino Navarro (C/ San Matías,2), y que está inspirada en los viajes que a lo largo de los años realizó por países como Burkina Fasso, Malí o Níger. "En África la gente no está contenta porque le faltan hospitales y muchos servicios, pero la gente es feliz. Es como nuestra infancia".

La muestra, a diferencia de otras realizadas por Jesús Conde, no se centra en los aspectos arquitectónicos o monumentales, sino, esencialmente, en el ser humano. "He querido pintar hombres, mujeres, niños. De África me atrae sobre todo el ser humano. El aspecto antropológico de África es tal vez lo más interesante".

La idea de Sahel viene de lejos, de muy lejos. Hace más de diez años, el escritor Manuel Villar Raso descubrió que descendientes de los moriscos granadinos habían terminado viviendo en Tombuctú, en lo que se conoció como la Curva del Níger, y decidió reunir una expedición para recorrer toda la zona en busca de su rastro. Se rodeó de periodistas, poetas y escritores. La experiencia fue tan interesante que Jesús Conde decidió repetirla después. Los viajes eran financiados por la Universidad de Granada y El Legado Andalusí. "Eran unos viajes relativamente baratos que a la Universidad le salían culturalmente muy rentables", explica el pintor. "De esos viajes salieron novelas, reportajes para televisión, exposiciones".

Los 45 cuadros de pequeño y mediano formato que se pueden contemplar hasta el próximo 17 de enero en la galería Ceferino Navarro son producto de una gran meditación. "Yo había hecho muchos libros de apuntes, muchos dibujos", rememora Conde. "Sin embargo, este verano pasado ha sido el verano en que me llegó la evocación de aquellos viajes. Fue un placer ponerme a pintar. Sobre los bocetos que tenía fui fijando la memoria. Aquellos bocetos me devolvieron el calor, el sudor, el olor, el hambre y el miedo de aquellos días, todas las sensaciones físicas".

"Muchos miran a África desde el punto de vista del reportero o del fotógrafo", comenta Conde. "Yo lo he hecho desde el punto de vista del pintor. He mirado a África como miramos nuestra propia infancia. De hecho, en realidad no he hecho una pintura sobre África, sino una pintura sobre mi infancia. No es el mismo sitio en el que crecí, ni el mismo paisaje, pero África sí me ha traido la sensación de mis días de niño a todos los niveles".

Una África que, además, tiene una luz muy diferente a la de Granada. "Los fotógrafos que fueron en las diferentes expediciones se molestaban mucho porque esperaban encontrar una luz al estilo de Hollywood", dice el pintor, "y se encontraron que era una luz entre rosada y nacarada a causa del polvo. Nunca se podía ver el sol poniéndose sobre las dunas porque el polvo ya tapaba ese sol. Pero, al mismo tiempo, la luz tiene un fulgor muy extraño. Todo tiene un poco como la luz de la muerte, en donde el rojo y el negro, sobre todo el negro, funcionan muy bien".

"Yo he intentado recordar sobre todo esa luz, la emoción de los colores", explica Jesús Conde. "En estos países amanece de pronto y el sol se pone de pronto al estar en pleno ecuador terrestre. Los atardeceres son fulminantes. A todo ello se unía que, por la falta de comida y por el calor, uno entraba en una especie de alucinación. En realidad, aquellos viajes a la Curva del Níger, más que alucinantes eran alucinatorios". Tanto como la luz de los cuadros que Jesús Conde ha realizado y que llevan al visitante de su exposición al corazón más puro de África.

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