Juan Cruz entrevista a los editores en 'Un oficio de locos'

  • El sector se enfrenta a un enorme cambio con la llegada de la era digital

El escritor y periodista Juan Cruz reúne una serie de entrevistas con doce de los principales editores del mundo en Un oficio de locos, una obra que contiene reflexiones de calado sobre los cambios que vive este sector, que trata de afrontar las consecuencias de la revolución digital.

"El digital supone un gran impacto porque el poder ahora pasa del editor al lector". Esas palabras de Riccardo Cavallero, director general de Mondadori Italia, España y América Latina, son muy gráficas para situar uno de los problemas a los que se enfrentan los editores.

Cavallero abre la serie de entrevistas que Juan Cruz hizo para el El País en 2010 y 2011 y que luego completó con otras que realizó expresamente para este libro, editado cuidadosamente por Ivorypress, el sello fundado por Elena Ochoa Foster.

Inge Feltrinelli, directora de una de las principales editoriales italianas; Antoine Gallimard, director de publicaciones de la francesa Editions Gallimard; Jorge Herralde, director de Anagrama; Sigrid Kraus, directora de Salamandra; Beatriz de Moura, de Tusquets editores; Joaquín Díez-Canedo, de la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica, y Michael Krüger, director de la alemana Hanser Verlag, son algunos de los entrevistados.

"Todos ellos son editores rabiosamente literarios y de una enorme raigambre moral. Sueñan con este oficio", afirma Juan Cruz en una entrevista en la que asegura que "lo que va a pasar con el libro tiene más carácter económico que cultural y afectará a autores, agentes literarios y editores".

La idea de hablar con editores de raza se le ocurrió a Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948) cuando vio en el New York Times una noticia que anunciaba que "los editores norteamericanos iban a dejar de publicar autores extranjeros y que iba a desaparecer la figura del lector de manuscritos".

"Eso me pareció simbólico del final de una manera de hacer", señala el autor, que decidió entonces hablar con "editores importantes de países como Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y España".

Cuando se planteó la posibilidad de hacer el libro, Elena Ochoa Foster le sugirió que incluyera también a Joaquín Díaz-Canedo, a George Weidenfeld, "una especie de monstruo del mundo editorial anglosajón".

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