Juan Villoro explora la oralidad del idioma español en 'Los culpables'

  • El autor mexicano reúne seis cuentos y una novela breve escritos en primera persona

El escritor mexicano Juan Villoro no pretende reflejar el habla coloquial en Los culpables, sino explorar la oralidad del idioma por medio de los narradores de los seis cuentos y una nouvelle que forman su nuevo libro. Este intento de experimentación, junto al hecho de que todos los relatos estén escritos en primera persona, son algunos de los elementos que cohesionan a Los culpables (Anagrama), presentada ayer en Barcelona.

El autor mexicano entiende que un volumen de cuentos no puede ser un cajón de sastre de narraciones inconexas, sino que tiene que tener una mínima urdimbre que permita al lector encontrarse cómodo en el discurso narrativo del autor. Ninguno de los siete narradores de los textos de Los culpables son escritores profesionales e incluso, asegura Villoro, se "sorprenden" de que están contando una historia.

El autor de El disparo de argón desveló que uno de los caminos que le llevaron a Los culpables fue su afición a oír a la gente: "Me gusta escuchar a la gente cuando cuenta relatos sin saber que lo está haciendo, pero en realidad son historias que tienen su argumento, su nudo y su desenlace". Este contador de historias ocasional, que el escritor oye en cualquier lugar, lo ha transformado Villoro en su libro en unos "narradores accidentales que, aunque son inventados, logran expresar, a pesar de su torpeza, incluso una poética".

Villoro presenta una abanico de narradores accidentales que van desde un mariachi a un limpiador de ventanas de edificios, pasando por un ejecutivo o un vendedor de iguanas en una carretera perdida de México. La disparidad de profesiones y de funciones de estos narradores dan la riqueza de la variedad de mundos a estos "culpables", pero también remiten al propio universo del escritor y de su obra.

Su pasión por el fútbol, reflejada en las crónicas que recogió en su libro Dios es redondo, aparece en el cuento El silbido, en el que el narrador es un futbolista que está a punto de retirarse, mientras que uno de sus referentes literarios, Kerouac y su obra En el camino, están presentes en el relato sobre el vendedor de iguanas de El crepúsculo maya.

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