Junto a los acusados y los perseguidos

  • Ramón Espejo Romero publica en Cátedra la primera edición crítica en castellano de 'El crisol', de Arthur Miller

Un año después de la primera edición crítica en castellano de La muerte de un viajante, y antes de su análisis de Panorama desde el puente, que verá la luz en 2012, el profesor de Filología Inglesa de la Universidad de Sevilla Ramón Espejo Romero continúa profundizando en la producción dramática del norteamericano Arthur Miller con la publicación de El crisol, uno de los clásicos del autor que aparece ahora en Cátedra traducido por el propio especialista y acompañado de una completa introducción.

En su estudio, Espejo explora los paralelismos entre el episodio retratado por Miller -el juicio contra la brujería que los puritanos emprendieron en Massachusetts a finales del siglo XVII- y el entorno en el que fue escrita la obra, un tiempo -la Guerra Fría- en el que la caza de brujas perseguía el comunismo y cualquier disidencia al orden establecido era contemplada con desconfianza.

Miller ya había dado muestras de coraje para abordar teatro comprometido en un periodo en el que todo parecía conducir a un pensamiento monolítico: había estrenado en 1950 una adaptación de Un enemigo del pueblo, de Ibsen. Aquel montaje fracasó, y el propio responsable de la versión atribuyó, como señala Espejo, aquella fría recepción a "la valentía de un texto que denuncia a los políticos que tratan de coartar libertades de modo demagógico e injustificado en un momento en el que eso era precisamente lo que sucedía en el país". Pero aquel golpe no acobardó a un escritor al que la fortuna ya le había sonreído -La muerte de un viajante, representada por primera vez en 1949, le había colocado en la cumbre del teatro norteamericano-, y Miller se atrevió a dar forma a El crisol, una pieza que habla de la torpeza del ser humano para juzgar a sus semejantes y que llegaba en unos años en los que el dedo acusador del macarthismo señalaba a sus sospechosos con particular virulencia.

En medio de este panorama, no resulta difícil entender que el estreno en 1953 de El crisol no funcionara. "Nunca sabes muy bien a qué se debe exactamente el fracaso de una obra, pero Miller lo atribuyó por una parte a esa época poco receptiva a obras que fueran un poco valientes políticamente. Tampoco el montaje, al parecer, fue todo lo bueno que debería haber sido, el autor tuvo discrepancias con el director", valora Espejo. Pero la obra remontaría el vuelo y se libraría de caer en ese limbo de las creaciones incomprendidas. "Luego se puso en el Off-Broadway, que ya es un territorio más favorable a la discrepancia. Ahí ya funcionó, hasta el punto de que para Miller sería su obra más popular", desvela Espejo, que rebate esa percepción del dramaturgo de que El crisol era su trabajo más querido por los espectadores. "Pienso que su texto más representado es La muerte de un viajante, aunque por alguna razón Miller no pensaba así".

Para escribir El crisol -el drama sería conocido en España como Las brujas de Salem debido a la adaptación parisina, que se llamó Les sorcières de Salem-, Miller se preocupó por documentarse e investigó en los archivos de la localidad donde transcurrieron los hechos. "Aunque más tarde los tratara con libertad: era consciente de que un dramaturgo no es un historiador, su fidelidad es más con el lenguaje de la escena, el lenguaje dramático. Los protagonistas estaban poco dibujados en los archivos, y él los completó, se tomó ciertas libertades", explica Espejo.

Personajes como Elizabeth y John Proctor o el reverendo Hale son ejemplos de la maestría con la que el autor retrataba las ambivalencias de la condición humana. "En la obra de Miller el mundo no es blanco o negro, es una gran gama de grises. Lo vemos en toda su producción: Willy Loman [el protagonista de La muerte de un viajante], por ejemplo, es un ser rechazable en muchos aspectos. No trata bien a su mujer, de alguna manera es responsable del fracaso de sus hijos... Pero es un ser humano que ha hecho lo que creía que tenía que hacer, que ha inculcado en sus hijos los valores que creía que debía inculcar. Y John Proctor, el héroe trágico de El crisol, también tiene sus sombras: para empezar es un adúltero, lo que implica cierta deshonestidad, pero eso no impide que se enfrente a la sociedad por lo que cree que es justo".

Miller disfrutó en El crisol adentrándose por otros registros y aproximándose al lenguaje del siglo XVII, defiende su traductor, que aprecia en esta historia "algunos de los pasajes de mayor belleza en todo el corpus milleriano". Espejo reconoce que es "difícil" trasladar al castellano la dramaturgia del autor. "El de La muerte de un viajante era un lenguaje muy del Brooklyn de los años 40, y llevar eso a la España del siglo XXI no es fácil, hay que encontrar los giros adecuados. Intenté que los personajes se expresaran de manera coloquial, pero dando cabida también a momentos de poesía que la obra también tiene".

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