Juventud, divino tesoro

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Es grande ser joven; ser joven y tocar como lo hicieron los alumnos de la Joven Academia de la Orquesta Ciudad de Granada. Esta iniciativa pedagógica, que la OCG lleva celebrando varios años, posibilita a intérpretes que todavía están realizando sus estudios musicales el poder tocar con los profesores de nuestra orquesta. Juntos preparan un concierto sinfónico, trabajan el repertorio y, finalmente, lo ofrecen al público tocando codo con codo en el escenario. De este modo, el viernes la OCG estuvo formada en su cincuenta por ciento por jóvenes promesas de la interpretación musical que demostraron tener grandes cualidades musicales y un enorme potencial.

Para una ocasión tan singular se escogió un programa pretencioso, en el que la diversidad tímbrica favoreció que cada grupo de instrumentos tuviera su minuto de gloria. Batiéndose el cobre con gran profesionalidad, estos jóvenes demostraron estar a la altura de las expectativas de sus profesores, y no escatimaron en esfuerzos para ofrecernos su mejor versión de las obras. Al frente de este encomiable proyecto estuvo el director Paul Opie, que coordinó magistralmente la actuación de la Joven Academia y nos regaló tres buenas versiones de tres obras bien conocidas por el público.

Abriendo el concierto se interpretó el famoso scherzo de Paul Dukas El aprendiz de brujo. La atmósfera inicial a caballo entre el intimismo y lo místico exige de los intérpretes un dominio de los instrumentos en dinámicas suaves, combinado con efectos rítmico-tímbricos que van preparando al oyente para la acción sucesiva. Desde el primer acorde la Joven Academia hizo vibrar el auditorio, obteniendo la aceptación del público.

Como segunda obra del programa figuró la Guía de orquesta para jóvenes de Benjamin Britten. Compuesta con una clara vocación didáctica, es un catálogo de sonoridades orquestales; Britten desarrolló a partir de un tema de Henry Purcell una serie de variaciones, aprovechando cada nueva aparición del tema para presentar un instrumento de la orquesta. Esta obra resultó idónea para que los jóvenes músicos que se sentaban en los atriles de la OCG demostraran a título individual su versatilidad y calidad interpretativa. Al finalizar, el director pidió acertadamente que saludase individualmente cada grupo tímbrico de la orquesta durante una prolongada ovación de los asistentes.

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