Conmemoración 85 aniversario de la muerte del escritor

Kafka, la genialidad

  • El escritor aprovechó su controvertida personalidad y la transformó en joyas literarias como 'La Metamorfosis'

Valor, fuerza y confianza fue precisamente lo que le faltó a Kafka, que sin embargo supo convertir sus debilidades e inseguridades en sus mejores aliados literarios. Judío en una sociedad antisemita e hijo de una familia desestructurada, la vida de Franz Kafka terminó hundida en continuos temores. Su introvertida personalidad le llevó a sumergirse en su cuaderno de notas, donde plasmó dudas, valores e interrogantes que se han transformado ya en universales pese a su constante intención de pasar desapercibido.

Franz Kafka se ha convertido en uno de los grandes escritores del siglo XX, a pesar de no poseer una extensa bibliografía, la mayoría además descubierta tras su muerte. El autor sólo cuenta con tres novelas El proceso, El castillo y América; una novela corta La metamorfosis; y algunas parábolas y relatos breves. Sin embargo, su obra es una de las más influyentes de la literatura universal gracias a ese complejo mundo basado en reglas desconocidas que recreó constantemente, y que ni él mismo llegó a comprender.

Demasiado marcado por la figura de su padre, que acrecentó en él sus profundos complejos de hombre débil y enfermizo, se ha llegado a decir que Kafka contó con unas características psicológicas poco habituales, que dirigieron sus actitudes hacia la literatura y que promovieron su desarraigo social.

"Es un niño frágil, pero sano". Así definía la madre de Franz a un joven marcado por los continuos cambios de domicilio y por el desprecio de su padre. Kafka nacía un 3 de julio de 1883 en Praga, en el límite del gueto judío y en el seno de una familia humilde. Su infancia estuvo protagonizada por el temor interiorizado a ser percibido de manera repulsiva tanto física como mentalmente, lo que le empujó a resguardarse en actividades literarias que le alejaban de su entorno más cercano.

Hermann Kafka, su autoritario padre, demasiado preocupado por la importancia del reconocimiento público, potenciará aún más sus complejos. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga y gracias a ese menosprecio debemos gran parte de la obra de Franz Kafka. Él mismo llegó a declarar que de la tiranía de su padre procedía la temática de todas sus creaciones .

Después estudiar derecho y doctorarse en leyes en 1906, Kafka comenzó su carrera como escritor mientras que trabajaba en una agencia italiana de seguros de accidentes laborales.

Tras escribir en 1913 su primera novela, Consideración, llegará dos años después la que se ha convertido en su obra más universal, La Metamorfosis. Los temores de Kafka, lejos de ausentarle de la realidad, le permitieron despertar en él una sensibilidad especial que plasmó en todos sus textos. En especial en esta metamorfosis, en donde el escritor, en forma de metáfora, plasma sus sentimientos ante el régimen autoritario al que está constantemente sometido. Una original biografía que también se ocupa de criticar la forma de gobierno de aquella época en la que, de repente, comienzan a escucharse gritos antisemitas.

Franz quiso luchar interiormente contra todos los males de unos años complicados en los que estaban a punto de despertar los ideales nazis. Sin embargo, su voluntad de vivir fue frenada por una salud más que delicada. A los 34 años contrajo tuberculosis, contando exclusivamente con el apoyo de su hermana Otillie, con quien tenía mucho en común. Años más tarde se haría vegetariano para superar su obsesión por la matanza de animales y se cuenta que en una ocasión ante una pecera Kafka exclamó: "¡Ahora puedo miraros en paz, ya no os como!" .

Sus cartas demostraban las continuas dolencias de un Kafka demasiado afectado ya por la tuberculosis. Su mente comenzaba a atormentarse, mostrando su sufrimiento en cientos de cartas personales que escribió durante sus últimos meses de vida. Todas ellas estaban protagonizadas por un mundo oscuro en el que los demonios, el desamparo, las persecuciones y, sobre todo, una profunda soledad amenazaban la personalidad indefensa de Kafka.

El 3 de junio de 1924, con tan sólo 41 años, el escritor, bajo el más absoluto anonimato, moría en un sanatorio de las afueras de Viena. Es a su amigo y confidente Max Brod a quien debemos que se salvara y publicara la obra de Kafka pese a su intención de que se quemara tras su muerte.

Se conmemoran así 85 años de la muerte de un escritor autosuficiente, que reaccionó ante la incomprensión y prefirió desligarse de un mundo que consideró, no iba con él. "No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives", era su lema.

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