Kundera vuelve con un ensayo sobre la existencia

  • 'Un encuentro' permite al escritor hablar sobre sus autores preferidos sin ceñirse a conceptos políticamente correctos

Tras cuatro años de silencio, el escritor checo Milan Kundera vuelve al panorama editorial con un ensayo en el que reflexiona sobre sus creadores favoritos y sobre los temas que están soterrados en sus novelas: el exilio, la literatura, la pintura, la música, la muerte, la memoria o la guerra.

Un encuentro es el título del libro que, editado por Tusquets, aparecerá esta semana en las librerías. Y, en él, el autor de La insoportable levedad del ser habla sin pelos en la lengua y sin acomodarse a conceptos políticamente correctos sobre sus creadores preferidos, situándolos en el marco que él cree correspondiente.

Milán Kundera (Brno, 1929), que vive en Francia desde los años 70, cuando se exilió, acaba de cumplir 80 años y sigue siendo totalmente reacio a dar entrevistas. Con una vida en París marcada por el deseo de anonimato, el escritor se vio envuelto en la polémica a finales del pasado año, cuando un semanario checo le acusó de haber traicionado y delatado en 1950 a un joven anticomunista y de haberle entregarlo a la policía del régimen.

El autor de El libro de los amores ridículos negó la acusación y exigió una rectificación a la publicación. Traducido por la editora Beatriz de Moura, el libro presenta reflexiones sobre Bacon, de cuyos retratos dice Kundera que "cuestionan los límites del yo"; y sobre Beckett, a quien sitúa cerca de Bacon y acerca de cuyas ideas se pregunta si "terminaron por matar su creación".

Dostoievski, Céline, Philip Roth, Kafka, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes; Curzio Malaparte y su novela La piel, de la que dice que "capta en toda su autenticidad la nueva Europa, tal como salió de la segunda guerra mundial, desfilan por estas páginas. De Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, escribe que es el fin de la gran novela. "Tengo la impresión de que esta novela, que es una apoteosis del arte de la novela, es a la vez un adiós dirigido a la era de la novela".

También Kundera deduce que los protagonistas de las grandes novelas no tienen hijos. "Apenas un uno por ciento de la población no tiene hijos, pero al menos un cincuenta por ciento de los grandes personajes novelescos salen de la novela sin haberse reproducido". "Ni Pantagruel, ni Don Quijote tuvieron descendencia".

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