"Lorca es un poeta peligroso por la enorme influencia que ejerce"

  • El autor valenciano anima a los chavales granadinos a la lectura de poesía y recita sus versos en el parque entre Víznar y Alfacar dedicado al poeta asesinado y enterrado en una tumba anónima

Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932), el nuevo Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca-Ciudad de Granada, hizo ayer lo que debe hacer todo poeta que se precie: alentar a un montón de escolares a que escriban y lean poesía, y a leerle poemas a Federico García Lorca en su tumba anónima entre Víznar y Alfacar. El poeta valenciano, que sólo publica un libro cuando considera que está listo para ser publicado, y cuya obsesión poética es el paso del tiempo, un tiempo que al ser humano se le escurre de las manos como la arena de una playa o una finísima lluvia, considera que el país vive ahora un intenso momento creativo. "No conozco ningún país que tenga tantas revistas de poesía como éste", dice.

-¿Cómo surgió en usted la necesidad de escribir poesía?

-Se debe a que he leído siempre mucho, y al leer, encontraba cosas que me emocionaban y que no sabía qué eran. Lees y lees, pero llega un momento en que intentas hacer algo semejante. Cuando comienzas, no hay voz propia, sino la voz del poeta que has preferido. Lo que sucede es que te sorprende el resultado, porque no lo sabes hasta que lo escribes. Hasta entonces, la experiencia que tenía uno era responder sobre lo que habías estudiado o hablar sobre algo que habías experimentado. Pero la poesía era algo que salía de ti y que no sabías previamente, sino sólo cuando lo habías escrito. Eso tenía algo de mágico y de novedoso. Eso fue un poco la causa de que yo continuara escribiendo.

-Usted publica muy de tarde en tarde. Se toma mucho tiempo entre libro y libro. ¿Eso a qué se debe?

-En primer lugar, es porque soy un poco perezoso. Sólo escribo cuando hay una emoción fuerte y formulada y que necesita ser expresada por medio de la escritura. La escritura, además, puede producir incluso hambre y provocar desgaste, porque hay una lucha tremenda con la palabra, con el deseo de encontrar la expresión justa. Pero yo no tardo tanto por miedo al desgaste, sino porque sólo cuando esa emoción que me exige que dé una expresión de ella aparece, es cuando lo hago.

-Leyendo su obra, da la impresión de que lo que más le preocupa es el paso del tiempo...

-Sí. Yo creo que somos tiempo y la carne se termina cuando deja de ser temporal. El tiempo es lo que nos hace y lo que nos transforma. Incluso pienso que hemos sido varias personas diferentes a lo largo de nuestra vida. Tenemos algunos permanentes que son los que nos han dado la idea de que somos nosotros mismos, pero hemos sido distintos. Como somos lo que somos, estamos enamorados del tiempo. La vida es tiempo. Yo creo que esa idea no la ha perdido la literatura del siglo XX, que ha estado centrada en el paso del tiempo. Eso no ha sido así en otras artes, como la música. El tiempo en música clásica es la melodía. La música clásica, sin embargo, en el siglo XX no ha experimentado en ello, sino en otras pulsiones constitutivas de la música. También ha pasado en la pintura. En la pintura, el tiempo hace al hombre, lo que es la pintura figurativa. La pintura ha estado un poco marginada del tiempo. En literatura eso no ha sucedido.

-Usted escribe de una forma muy unitaria. ¿Se podría decir que sus libros son todos un solo libro?

-Sí, efectivamente. Incluso podría decir que mi primer libro, Las brasas, escrito en mi juventud, podría ser mi último libro. Además, ha sido premonitorio, porque trata de un personaje que vive solo y viejo en una casa determinada, que es la casa de mi infancia, y así es como yo estoy viviendo ahora. El libro, de alguna manera, lo podría haber escrito yo ahora en unas circunstancias reales, cuando entonces eran unas circunstancias ficticias.

-Usted suele decir que el hombre debe vivir en su autenticidad. ¿Cree que el hombre de hoy, con las religiones, la política y demás, está lejos de esa autenticidad?

-Bueno, siempre ha habido de todo. Pero sí que tenemos un mundo de gran publicidad que nos obliga a tomar posiciones de mercado. Ahora abundan mucho las sectas. Eso es por la proyección de la publicidad. El hombre se sigue haciendo las mismas preguntas de siempre que no tienen respuesta y busca una respuesta que cree que es consoladora. Otros viven más a la intemperie y no les importa eso. Vivimos en una época más laica, pero también en que lo religioso puede ser una verdad percibida o una conquista.

-Está usted en la ciudad natal de García Lorca... ¿Le influyó él?

-Sí. Yo creo que Lorca es un maravilloso poeta. Si se pudiera hablar de alguien genial, ése sería Lorca. Pero Lorca tiene un mundo muy individualizado en el contenido, en el concepto y en la expresión, con lo cual, cuando aparece Lorca en otro poeta, se nota mucho su influencia visible. Es un poeta peligroso como influencia en otros poetas. Hablo de la peligrosidad de la influencia, de si se queda muy marcada o no. Lorca, siendo un grandísimo poeta, no ha sido un poeta influyente de la poesía culta de modo directo. Era vanguardista y popular. Muy cercano a los grandes mitos. Muy lorquiano. Otros poetas, como Juan Ramón, eran más 'disimulados' en cuanto a la influencia que dejaban en otros poetas. Era una influencia más formativa.

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