Luchas insólitas: David contra Goliat

  • El libro de José María Sánchez de Toca 'Batallas desiguales' recoge ocho ejemplos de combates que ganaron los débiles

A veces no hace falta mucho más que una piedra para vencer a un gigante. Que le pregunten a David. Ganó por audacia al más fuerte soldado del ejército filisteo y, aunque sea el ejemplo más sonado, no es el único del escaso pero interesantísimo historial de guerras insólitas en las que los débiles ganan a los más fuertes y los pocos se envalentonan frente a los muchos. José María Sánchez de Toca ha recogido algunos casos como el de David contra Goliat en Batallas desiguales (Edaf). El general de Infantería, que ha publicado ya libros como El Gran Capitán, Tercios de España o Los profetas del Bosque, explicó ayer en la presentación que aunque la mayoría de las batallas se parezcan en que todas producen "hecatombes, sangrías y duelos al sol", hay algunas que demuestran que la "audacia va más allá del valor".

La tuvo Hernán Cortés en la Batalla de Otumba. Justo en el momento en que sus hombres ya no podían más contra el ejército de Cuitláhuac, a él se le ocurrió herirles donde más les dolía: su jefe y su estandarte. Pizarro siguió más o menos esa misma idea en la Batalla de Cajamarca, donde capturó a Atahualpa gracias a un ataque sorpresa. "Espeluzna pensar", subrayó ayer el autor del libro, "lo que hubiera podido pasar si los aztecas hubieran contado con la pólvora o el control naval de los españoles".

De todas las batallas que aparecen en el libro una de las grandes olvidadas es la de Galicia en el primer semestre de 1809. "Fue una gran victoria española en la Guerra de la Independencia" en la que labriegos gallegos y portugueses expulsaron a dos grandes ejércitos napoleónicos. De los 53.000 hombres de Napoleón que comenzaron la lucha sólo sobrevivieron 18.000. Después de seis meses, "ellos perdieron 35.000 frente a los 2.500 gallegos" que murieron. La pregunta que se hace Sánchez de Toca es "¿cómo lo hicieron?".

Cuando el número es lo de menos, lo de más es la organización. Pasó en Galicia y pasó en la batalla de Tannenberg y los Lagos Masurianos, entre alemanes y rusos en la Primera Guerra Mundial. Son el paradigma de los nervios de acero que debe tener el general, el modelo de la maniobra a través de la defensa inteligente. "Cuando atacan dos no puedes luchar contra ambos. Primero se acaba con uno y luego con el otro".

La de Caporetto cambiaría Italia para siempre. Significó la desaparición del pueblo y el bochorno de todo un ejército. En el combate en la frontera austroitaliana los alemanes utilizaron contra los italianos nuevas técnicas que llevaron a su total derrota. Destacó especialmente el célebre Erwin Rommel.

En la captura de los pasos del Mosa se demostró que "la cadena de mando tiene que ser corta". En esta batalla destacó "el mando de los subalternos". Es un ejemplo más de audacia en la concepción y de perfección en el empleo de la sorpresa.

Todas estas batallas tienen en común el "principio de objetivo: la tenaz persecución de lo que uno quiere hacer para no dejar las cosas como están". Para el investigador son fundamentales el "tesón y la perseverancia para mantenerse firme, para mantener la decisión cuando la razón aconseja lo contrario".

La audacia, como le pasó a David, "anima a adentrarse en lo desconocido aunque nuestras posibilidades de éxito van en contra nuestra". La esperanza de Cortés y Pizarro o la reacción de los gallegos frente a los ejércitos de Napoleón distinguen al audaz del temerario. Bromeó ayer el autor del libro con esta comparación: "Si consiguen la victoria serán audaces pero si pierden se les llamará temerarios".

Hace diez años, cuando Sánchez de Toca comenzó a doctorarse en la Complutense, algunos trataban de convencerle para que no estudiara Historia Militar. "Parecía un tabú académico", dijo ayer. "Pero si una nación no escribe su historia, se la escribirán los demás".

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