Made in Sacromonte

Desde principios de julio hasta principios de septiembre, todos los miércoles y viernes hay una muestra de flamenco en el Museo Cuevas del Sacromonte, en lo alto del Barranco de los Negros. Allí, entre vegetaciones y estrellas, además de hallar una brisa que en Granada no se encuentra en estos días de calor tórrido en la ciudad, podemos saborear el arte más autóctono del que tengamos noticia. El Museo del Sacromonte tiene la doble virtud de juntar un flamenco de gran interés con artistas casi exclusivamente de la tierra. Por su escenario pasarán, entre otros, los cantaores Juan Pinilla, Pepe Luís Carmona, Sergio Gomez 'Coloraito' o David Sorroche; los guitarristas Paco Cortés, Miguel Ochando, Luis Mariano, Emilio Maya, o Antonia Jiménez; y los bailaores Angustias la Mona, Ana Calí, Jara Heredia o Luís de Luís. Varios veranos lleva programándose flamenco en este rincón sacromontano. Por sus tablas han pasado prácticamente la totalidad de los cantaores, músicos y bailaores de nuestra provincia. Cada año hay mejoras. Pero es en 2008 cuando se profesionaliza el pequeño teatro al aire libre. El escenario crece en amplitud, las luces están más conseguidas, pero sobre todo se preocupan de cuidar el sonido, de manera que haya las menos fisuras posibles y, por ejemplo, los pies del zapateado, que es la asignatura pendiente en estos eventos, se oyen con bastante nitidez.

La noche del viernes tuvimos un buen cuadro que, sin embargo, tardó algo en calentarse. Jaime el Parrón y Manuel Heredia al cante, con las guitarras de César Cubero y Rafael Fajardo, dedicaron su buen hacer al baile de Encarni Heredia, Raimundo Benítez y Yolanda Cortés.

Una presentación en forma de tangos sirvió para conocer a todos los actuantes. La única incursión de cante fue un cuplé de la mano de Manuel Heredia, en concreto una adaptación por bulerías de la Baladilla de los tres puñales de Rafael de León, esa copla que bordaba Marifé de Triana.

Para terminar la primera parte, Yolanda Cortés bailó unas alegrías con toda la fuerza y la raíz que imprime la cueva. La segunda parte, mejor que la primera, la abre un espontáneo. Es decir, sin estar programado, Antonio Gallegos, que hace las veces de presentador e ilustra con su conocimiento la entrada de la función, canta una soleá por bulerías, con la guitarra precisa de César Cubero. Acto seguido, Encarni Heredia baila unos tarantos bien llevados por las sonantas y por el cante, que le hace un guiño a Remedios Amaya. Encarni Heredia es la esencia, es el camino, su baile se ve fresco a la vez que recoge varias décadas de bailaoras del lugar, especialmente la de su madre, 'La Gallina'.

Raimundo Benítez, que repetirá el sábado en el Festival de Huétor Vega, aborda unas seguiriyas con fuerza y compás. Lo tiene todo medido y bien medido. Sus pies limpios adquieren una velocidad de vértigo sin perder ni por un momento la compostura y la redondez del cuerpo en sus movimientos. Unas bulerías, pasada la media noche, marcan el final de esta velada que tuvo a la luna llena de testigo.

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