Madrid, cinco días llenos de arte

  • La peregrinación anual a la Meca del arte español, en el febrero madrileño, se inicia como todos los años con el sempiterno viaje en tren hasta la capital para un palizón de cinco días

La peregrinación anual a la Meca del arte español, en el febrero madrileño, se inicia como todos los años -y van treinta y ocho- con el sempiterno viaje en tren hasta la capital de España. Ahora es mucho más cómodo y no hay edición que no te acuerdes de aquellas noches de tren expreso en una litera de un viejo, pero entrañable, vagón, ahora ya, histórico. El Alvia, vía AVE, anima a este tipo de recuerdos de abuelo con muchísimos ARCO a sus espaldas. Los jóvenes que siempre nos acompañan no dan crédito a nuestras anécdotas de nostálgicos y nos olvidan rápidamente enganchados a las aplicaciones de sus móviles.

ARCO. El espíritu del presente

Como no podía ser de otra manera, damos prioridad a ARCO; su trigésima séptima edición merece ser nuestro primer destino de cinco intensos días.

La experiencia hace a la mirada discernir y enviar al limbo de lo que no interesa a muchas propuestas de escaso atractivo, dejando que sean las buenas ofertas de los stands las que atrapen la atención y hagan detenerte con expectación. Al ser jueves, día dedicado teóricamente a los profesionales, la movilidad es fácil y existen, salvo la comitiva real, no demasiadas contaminaciones visuales externas a las obras. Los que han asistido a las últimas ediciones de ARCO han podido comprobar que uno de los rasgos más sobresaliente es la vuelta a una apreciable sensatez artística, manifestada en proposiciones serias, sin los extravagantes registros buscando efectismos para incautos de hace unos años. El rigor lleva un tiempo anidando sin que por ello falten algunas experimentaciones de poca enjundia creativa. La pintura parece haber encontrado el necesario acomodo que perdió en unos años de mucha histeria. La fotografía se ve asentada en su estamento de suprema calidad, habiéndose desterrado tanto episodio convertido en asunto sobresaliente como nos tuvimos que tragar. Las nuevas tecnologías han seguido su marcha de segura ascensión pero apreciándose que las videocreaciones sistematizan realidades más cercanas y no con tantas elitistas y sesudas propuestas.

El primer día de la Feria comenzó con mucha controversia: la retirada del stand de Helga de Alvear de una serie de retratos, a los que se había titulado Presos Políticos, del fotógrafo Santiago Sierra. La política incide, también en la Feria. Su retirada da alas para que algunos se sientan mártires. Tras esto, la cotización de la pieza ha subido muchos enteros -marcaba la extravagante cantidad de 80.000 euros-; su entidad artística nula; la cara del autor como la pata de un paso. No es la primera vez; la galerista feliz, feliz ... en este su día.

También la veteranía y, tal vez, algo de manía, nos hace iniciar el recorrido por el Pabellón 9 de IFEMA. Ya en él, la presencia andaluza, absolutamente parca, nos sirve de entrada. Rafael Ortiz, treinta y dos años en la Feria de manera continuada lo contemplan, no ofrece duda. Su stand desprende calidad y arte de muchos quilates: Manolo Barbadillo, El Equipo 57 y Carmen Calvo comparten espacio con Dalila Gonçalves y Norman Morales; experiencia y joven madurez en una propuesta seria y con mucha dimensión artística. La galería de Carolina B. de Alarcón y Julio Criado, una de las de mayor dinamismo, vocación internacional y sentido de la modernidad, nos presenta un catálogo muy importante que no deja indiferente. Poderosísimas y llenas de sentido visual las piezas del húngaro Denes Farkas, especialmente aquella protagonizada por los bancos de semillas, creados para garantizar la seguridad alimentaria mundial y que el artista llena de enigmas y esencialidad; la asturiana Ira Lombardía nos hace transitar por una intimista obra con mucha dimensión; los hermanos gaditanos MP & MP Rosado muestran el carácter valiente del principio; Jorge Yeregui, vuelve a magnificar la gran fotografía; los colombianos Bernardo Ortiz y François Boucher, autores naturales de la galería sevillana, se nos presentan, el primero con una plástica comprometida que no deja indiferente y, el segundo con la espectacular serie El archivo Macondo, un inquietante archivo fotográfico sutilmente puesto al día; así como la poderosa y esclarecedora fotografía del granadino José Guerrero que eterniza el deambular de la historia y levanta las máximas expectativas evocadoras con un puente envuelto en la niebla. Tras la escasa comparecencia de galerías andaluzas nos introducimos en el laberinto expositivo que se nos hizo un poco más caótico por coincidir con la comitiva real. Lo primero que nos atrapa son los nuevos Barceló que acentúan la plasticidad de sus primeros tiempos. Después nos topamos con una cantidad ingente de obra que nos plantean muchas inquietudes. Quedan los de siempre, los clásicos eternos, Juana de Aizpuru, Helga de Alvear, Elba Benítez, Elvira González, Guillermo de Osma, Carles Taché, Leandro Navarro, Marlborough o Miguel Fernández-Braso, entre otros muchos. Los buenos de lo nuevo lo encontramos en Espacio Mínimo ADN, Javier López-Fer Francés, T20, Rosa Santos, Luis Adelantado, Miguel Marcos... los de casi siempre. Buenas galerías extranjeras, Thomas Schulte de Berlín, Raffaella Cortese de Milán, Jorge Mara de Buenos Aires, Esther Schipper de Berlín, entre otras. Mucha participación portuguesa, en galerías ya clásicas -Filomena Soares, Quadrado Azul, Bruno Murias, Nuno Centeno, Pedro Oliveira o Cristina Guerra-.Nos alegró muchísimo encontrarnos con obras de Pilar Albarracín, Juan Carlos Bracho, Guillermo Pérez Villalta, Pedro G. Romero, Rogelio López Cuenca, así como de la jerezana Ana Barriga y de los granadinos Marina Vargas y Antonio Montalvo. Asistimos al fallo del Segundo Premio de Cervezas Alhambra. De entre los finalistas -Guillermo Mora, Gloria Martín, Carlos Monleón y Kiko Pérez- el jurado decidió conceder el galardón a este último por una obra basada en los alicatados y en las baldosas hidráulicas de la Alhambra . Opiniones para todos los gustos. En definitiva, días para "arquear".

JUSTMAD. Un cambio de sede de poco afortunado

Se esperaba el cambio de sede con cierta expectación. La Feria creada para los artistas emergentes no había ofrecido en las últimas ediciones demasiados buenos argumentos y, quizás, se buscaban nuevas perspectivas. Del Colegio de Arquitectos de la Calle Hortaleza a una nave industrial de la de Núñez de Balboa, en pleno Barrio de Salamanca. Nada más acceder, el visitante se da cuenta de que el recinto es pequeño y los stand montados con calzador. Sin embargo se aprecia mucha más entidad creativa que en años anteriores. Hay galerías que vienen de ARTMADRID y algunas que se incorporan con vocación de futuro e intentando una conjunción perfecta entre obras creadas en Europa y en Latinoamérica. También ha cambiado la dirección de la Feria, poniéndose al frente a Semíramis González y al gaditano Daniel Silvo. Muy buenos encuentros que hacen confiar mucho en una de estas ferias paralelas al gran acontecimiento del Parque de las Naciones. Extraordinario el stand de Estampa, con tres soberbios retratos de africanos de Juan Ángel González de la Calle, varias felices abstracciones geométricas llenas de colorido de Norberto Gil y unas muy sensatas pinturas de Carlos Forns Bada. Muy inquietante la simbología en un mar cromático de Santiago Picatoste en Aurora Vigil-Escalera de Gijón; la experiencia en lo artístico de Norberto Dotor, de Fúcares, nos hace encontrarnos con un stand lleno de variedad y sintonía, con Florentino Díaz, Jorge Julve, Fran Ramírez y José Medina Galeote; muy sutiles los paisajes de Eva Díez en Marisa Marimón de Orense; también exquisitamente esclarecedores las pequeñas piezas de Lee Madgwick en White Noise de Roma. Para terminar dos proyectos andaluces que muestran una clara intencionalidad expositiva y una clarividencia en la elección de sus artistas. Por un lado Suburbia de Granada, con obras perfectamente ajustadas en fondo y forma de Giovanni Ozzola, Robert Pettene y José Medina Galeote. Para terminar con el recorrido de esta feria que llega a su novena edición, The Shot, de Jerez; un proyecto dirigido por José Ignacio Rodríguez, Álvaro Bilbao y Daniel Guerra que realizan una apuesta total y absoluta por uno de los jerezanos de mayor proyección y que ya, el año pasado, alcanzó cotas de suma artisticidad, Ignacio Estudillo; con una obra donde la figuración transita por unos derroteros que asumen nuevas realidades mucho más allá de las concreciones relatoras.

ARTMADRID. Dudas que ofenden

Ha sido una de las sorpresas de estas Ferias paralelas a ARCO. Tras varios años con desarrollos bastantes mediocres, se esperaba una edición, también, con no demasiados buenos argumentos expositivos. Aunque la organización deja bastante que desear y la recepción es caótica con poco dinamismo en la recepción de los visitantes y mucho peor en la atención a los medios, he de decir que, la Feria se ha quedado en un buen espacio, mucho más cómodo que en ediciones anteriores y con proposiciones de acierto, rigurosidad y absoluta sensatez creativa. Los espectadores se han encontrado con stands sin excesivas alharacas, con obras acertadas y planteamientos artísticos de entidad. Podríamos mencionar muchos nombres con obras que atrapaban la mirada y pellizcaban el alma. Para mi humilde opinión dos obras resaltaban por encima y eran las piezas de la Feria. Una por su contundencia formal, por su valor histórico, por su entidad y trascendencia, Retrato con sombrero de Manolo Valdés en el stand de la galería Benlliure de Valencia; pieza que era escoltada nada menos que por algún muy buen Juan Genovés, un soberbio Joan Hernández-Pijuán y un espectacular José Guerrero de la serie Comienzo. La otra pieza que atrajo el unánime interés fue la escultura Hombre sentado, de Rebeca Sánchez (galería Leucade de Murcia ); esta obra mostraba tanta fidelidad a la naturaleza humana que era difícil saber si, en realidad, no era nada más que un hombre sentado; absoluto hiperrealismo de marcado efectismo plástico.

También nos hemos encontrado un stand con manifiesta entidad y potestad. Era el que presentaba Aurora Vigil-Escalera, con Rafa Macarrón, Santiago Picatoste, Ismael Lagares, Chema Madoz y Pablo Genovés. Veterano en todas las ferias de España es el cántabro Manolo Sanz Messía, director de la galería Espiral de Noja. En ella nos encontramos con la obra siempre importante de la octogenaria Gloria Torner.

En definitiva, una Feria que ha llamado la atención por sus muy buenos planteamientos que hacen augurar nuevos buenos tiempos.

URVANITY. Poca cosa

Era la segunda edición de una Feria que, teóricamente, estaba dedicada al arte urbano. Los que pretendieran encontrarse con lo que habitualmente existe desde esa filosofía callejera que es la pintura callejera en paredes y otros elementos mobiliarios, se han llevado una desagradable sorpresa. Los stands están llenas de todas las proposiciones existentes; algunas, sí es verdad que contienen algo de los que hacen estos artistas nuevos de rápida y valiente ejecución; pero muy poco más. Toda una desilusión sobre todo para los amantes de este arte urbano de nueva configuración.

DRAWING ROOM

Ya el año pasado pudimos observar cómo esta Feria dedicada al dibujo había alcanzado cotas de importancia espectaculares -incluso, podríamos decir que Drawing Room había subido en calidad tanto como otras, por ejemplo, ArtMadrid, habían bajado manifiestamente-. Creemos que por el cambio de sede, ha dejado la calle Velázquez por los emblemáticos espacios del Círculo de Bellas Artes. Veinticinco stands acogían las estructuras poderosas de un dibujo que daba sentido a un planteamiento formal cuyo carácter posee absoluta vigencia. Muchas destacables. Impresionante la solvencia de la malagueña, formada en Granada, Irene González (galería Silvestre de Madrid), unas bellísimos Manolo Salinas (PinturaPintura de Madrid), maestro de la pintura abstracta española. Verdaderamente mágicos los Paco Pomet de My Name`s Lolita; evocadores los paisajes sugeridos de Reiko Tsunashima en el espacio de la galería Kitai de Tokio. Muy buenas las esculturas del granadino Pablo Capitán del Río, en la murciana ART Nueve; la utilización de los diversos materiales generan diferentes conceptos plásticos y estéticos, siempre con poderosa manifestación creativa. Como viene siendo habitual en los últimos tiempos muy bueno lo que nos ofrece el Espacio Olvera de Sevilla, con muy buenas propuestas de Chelo Matesanz y de la malagueña María Bueno. Redondo el espacio de la galería Siboney de Santander. Juan Riancho, sabio y seguro desde hace muchos años, nos convencía con dos artista de absoluta solvencia, Emilio González Sáinz y Fernando Martín Godoy. Por último, la gran obra de Ángeles Agrela, última ganadora del Premio FOCUS, que presentaba en el stand de la galería Yusto/Giner de Marbella, su gran pintura reciente, esa que muestra a la figura humana con diferentes matices interpretativos que condicionan los esquemas que abarca la simple mirada.

Mucho y muy bueno lo que se ofrecía en el Círculo de Bellas Artes madrileño. Una feria que va conquistando parcelas y deja entrever las máximas ilusiones.

Como siempre, en febrero, Madrid está de Ferias. El palizón de cinco días ha valido la pena.

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