"Manolete es un personaje de Scott Fitzgerald"

  • El autor cordobés muestra en 'La suite de Manolete' una trama que tiene como telón de fondo la vida del torero

La habitación de hotel de un torero es un lugar sagrado lleno de estampitas de vírgenes. Pero La suite de Manolete (Alianza Editorial) de Joaquín Pérez Azaústre es la que el distro tenía en Los Gabrieles, el epicentro del 'golferío' madrileño de los cuarenta. Es el telón de fondo de una novela negra con personajes profundamente solitarios y marcados por un destino al que algunos llaman Islero.

-Manolete, más que un torero, es ya el símbolo de una época.

-Siento verdadera fascinación por él, tiene un magnetismo especial. Cuenta Orson Welles que la primera vez que paseó con Manolete por Hollywood la gente se giraba cuando lo veía pasar, tenía un gran carisma. También tiene ese aire de misticismo raro que tienen los toreros de arte. Además, anduvo entre aguas muy diversas y tuvo un final trágico. Manolete es un personaje de Scott Fitzgerald.

-Habla de Scott Fitzgerald, presente también en sus dos anteriores novelas. ¿Tiene fijación por cierta clase de personajes?

-Me gusta utilizar referentes que funcionan en la conciencia colectiva. También es una máscara del escritor para cubrirse a sí mismo, ya sea la de Manolete o la de Fitzgerald. Uno reinterpreta esos personajes y los tiene que poblar, tienen que tener volumen, densidad, sentido, vivencias, sensación del dolor... Ahí es donde entra el bagaje del autor, porque la cultura también forma parte de la vida.

-El título transporta a la habitación de un torero, que tiene algo de místico, de sagrado, con las estampitas de las vírgenes y los rezos.

-Sí, pero en este caso es diferente aunque tiene que ver con eso. Él tenía dos habitaciones alquiladas, una en el Hotel Victoria, la que utilizaba como torero, y una suite en Los Gabrieles, un local canallesco lleno de chicas, con tablao, donde se juntaba toda la quincallería de la época: periodistas, actrices de segunda... Era un sitio en el que la España oficial se despojaba de sus vestiduras para convertirse en la España canalla. Manolete tenía ahí una habitación, con su propia cama. Además, me interesaba la palabra suite en su sentido musical. Esta novela tiene dos planos de lecturas, la trama negra contemporánea y la vida de Manolete.

-Su novela ha tenido mejor fortuna que la película con Adrien Brody...

-En la película, además del parecido evidente entre Brody y Manolete, hay que resaltar la belleza de Penélope Cruz, pero aparte de eso poca información hay de la película.

-Hablando de Penélope Cruz, ¿qué le parece Lupe Sino, la amante oficial de Manolete?

-Yo soy un gran partidario de Lupe Sino y en la novela me manifiesto muy a favor de ella. Hay una razón esencial, porque Manolete fue un icono de su época y las únicas fotos en la que aparece sonriendo es cuando estaba con Lupe. Manolete hizo feliz a muchos pero no le dejaban ser feliz.

-¿Una segunda parte de la novela podría ser 'La suite de José Tomás'?

-José Tomás me gusta mucho, tiene ese aire místico que podía tener Manolete. Pero Tomás está ganando mítica ahora, mientras Manolete tiene a su favor la leyenda del tiempo que ha jugado a su favor. Literariamente es un buen telón de fondo para una novela negra que suene como una película de los cuarenta.

-El detective de su novela, ¿se asemeja más a Philipe Marlowe o al patrio Germán Arteta?

-Es un detective libresco que investiga la muerte de su amigo. Como muchos héroes del cine negro no tiene un fin determinado en la vida, trabaja de camarero y se ve obligado a investigar el suicidio de un amigo. Pero tiene esa fatalidad del héroe negro que siempre pierde a la chica al final. Pero, sobre todo, es un hombre solitario. La novela tiene un nexo común, que todos los personajes que aparecen son profundos solitarios. Mis personajes hablan, se definen por cómo hablan, por cómo se enfrentan a sus miedos.

-Es una novela de diálogo. ¿Una huida de la pedantería?

-Sí, la novela tiene una parte 'culturalista pop' y me apetecía que la gente hablase, incluso cuando estaba en silencio. No me apetecía que apareciese la voz narrativa como un demiurgo. Quería que el lector se encontrara con los personajes de la misma manera que se los encuentra en la vida, a través de sus palabras, de sus hechos, de sus fobias...

-Como columnista, ¿escribir sobre un jugador de fútbol como Hierro ha hecho que algunos intelectuales le miren por encima del hombro?

-Veo poco los partidos, pero me gusta leer lo que se escribe después. Lo que me gusta del deporte es lo que tiene de épica y de fracaso, que es lo mismo que me gusta de la literatura. Me gusta cuando un jugador joven debuta, los talentos que deslumbran y luego nadie sabe qué fue de ellos, como Iván Pérez, el hermano de Alfonso. Otros temas literarios son, por ejemplo, los últimos coletazos de los tobillos de Kiko en Segunda o la trayectoria de Pep Cargol, que acabó jugando en Portugal cuando parecía que iba a comerse el mundo. Todos tenemos en nuestra vida un Iván Pérez o un Cargol.

-Los bares que se frecuentan definen a la persona y al escritor. ¿Qué garitos visita?

- Me gustan los bares en los que uno puede estar solo o en la mejor compañía y estar bien en las dos situaciones. Que puedas estar solo y no sentirte un bicho raro y que si estás con amigos celebrando algo puedas pasártelo bien sin desentonar. Me gustan los bares mestizos en los que te puedes encontrar a unos universitarios tomando copas y, al mismo tiempo, gente de cincuenta ligando.

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