Manuel de Falla agiganta su figura

  • La compañía Etcétera y la OCG unieron sus fuerzas en un descomunal 'El retablo de maese Pedro'

El Parque de las Ciencias acogió la presentación en Granada de El retablo de maese Pedro, el proyecto más importante de la compañía Títeres Etcétera con Enrique Lanz como director de escena. Pese a la grandiosidad de la puesta en escena, quedó un sabor agridulce y una pregunta en el ambiente: Enrique Lanz dijo en la presentación que lo más probable es que esta sea la última función y, respecto a la interrogante, ¿por qué no ha llegado antes una obra que se estrenó en 2009? Ha sido el Festival de Música y Danza y el Parque de las Ciencias, que acoge en una exposición las piezas desde hace meses, los grandes valedores del proyecto que es una pequeña ópera de salón donde existen dos planos de representación: el de los personajes que asisten a la función de títeres y el teatrillo que, en el centro de la escena, muestra la historia de Don Gayferos y Melisendra.

La Sinfonía simple de un Britten que está de centenario se reunió con dos de las obras esenciales escritas por Manuel de Falla en los años 20: el Concierto para clave y cinco instrumentos con el clavecinista Diego Ares, y El retablo de maese Pedro, obra maestra del teatro musical español que pudo verse en la celebrada producción para marionetas de la compañía. La batuta de Hernández Silva garantizó el éxito de la propuesta, dirigiendo a la Orquesta Ciudad de Granada con una entrega total que se resume en una palabra: pasión.

La acción llevó a los espectadores a una venta manchega donde Maese Pedro (interpretado por el tenor Pablo García-López) y su ayudante, el joven Trujamán (interpretado por la soprano Laura Sabatel), ofrecen una función de títeres para los huéspedes. Entre los espectadores se encuentran Don Quijote (interpretado por el barítono Isidro Anaya) y Sancho Panza. Los títeres representan El retablo de la libertad de Melisendra, y el hidalgo, empeñado en hacer justicia, desenvaina su espada cuando los amantes huyen.

Los 39 títeres de hasta ocho metros y medio de altura, que necesitaron 60 poleas y 16 titiriteros para hacerlo realidad, funcionaron como un primer plano para los espectadores, empequeñecidos por un lado por la descomunal propuesta y ensanchados por una obra que no debería caer en el baúl del olvido.

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