Mar Vida retrata en sus cuentos la ciudad de la Perra Gorda

  • El volumen es una recopilación de anécdotas que fotografían con humor y también con un poso de amargura la sociedad de los años 70 y 80

La escritora encara la segunda edición de su primera obra. La escritora encara la segunda edición de su primera obra.

La escritora encara la segunda edición de su primera obra. / Carlos gil

Mar Vida, más conocida como Coco Vida, derrocha amabilidad, humor y cercanía en las distancias cortas y en su prosa. Esa es precisamente una de las virtudes de sus relatos cortos, su oralidad. "Coco es una fina observadora que habla tan bien como escribe", señala Ramón Repiso sobre el estilo de la autora, que resume de la siguiente manera:"En sus cuentos no sólo ha fotografiado un tiempo y una ciudad, sino que en la mayoría lo que realmente importa es la visión moral de la sociedad de la época que le ha tocado vivir".

El poeta es el autor del prólogo de Cuentos de la Perra Gorda, la ópera prima de esta escritora de vocación tardía pero de larga trayectoria, porque sus 36 años de ejercicio profesional se los ha pasado escribiendo. Funcionaria del Instituto Nacional de la Seguridad Social, cuenta que ha recibido "la formación suficiente para adquirir las habilidades de comunicación, tanto verbal como escrita". "Me pasaba la vida escribiendo pero nunca se me había ocurrido redactar un cuento. Cuando me jubilé por enfermedad con 59 años, un compañero me dijo que en vez de llorar y aburrirme escribiese todas mis anécdotas. Y eso hice", relata Vida, que dedica el primer cuento al compañero.

Y este ejercicio profesional está indisolublemente ligado al inicio de su etapa de narradora porque su trabajo le ha permitido soltarse escribiendo informes y recopilar las anécdotas que recopila en este volumen. Unas historias que son la base de sus relatos ya que, como señala Repiso, "se balancean entre la anécdota, la leyenda, el artículo de costumbres y, sí, el cuento".

Una deuda laboral que la escritora hace palpable desde el mismo título del mismo. La propia autora explica en su introducción que Casa de la Perra Gorda es el nombre con el que se suele llamar a la sede granadina de la Tesorería de la Seguridad Social, un "soberbio edificio modernista", construido en los años veinte para albergar las oficinas que se encargarían de la puesta en marcha del Régimen del Retiro Obrero Obligatorio, que se creó en 1919. "Este nuevo régimen de protección estaba financiado por un sistema de cotización mixta entre las empresas y el estado. La aportación de las empresas tenía carácter obligatorio y consistía en una cuota de 10 céntimos de peseta, (una perra gorda)", señala sobre la denominación del edificio.

El título del libro es, por tanto, un homenaje al edificio y también al trabajo que desarrolló allí porque le permitió conocer a la multitud de personas y de historias que le han servido de inspiración para este volumen, publicado por la Fundación Huerta de San Antonio. "También hay un apartado más autobiográfico sobre mi infancia y una leyenda", detalla sobre la estructura del libro, que Vida quiere agradecer a los consejos de su amigo, el escritor Miguel Ángel Barrera Maturana.

Así es como la autora compone esta fotografía de la Granada de los años setenta y ochenta y unas vivencias que son duras porque, como explica Coco Vida: "El público que a nosotros nos visitaba no lo hacía precisamente por tener cuarenta años cotizados con bases máximas, esos no tenían que venir a vernos.../... Los que venían lo hacían para resolver problemas".

Por eso sus cuentos, aunque destaquen por su sentido del humor, también tienen un poso de amargura. Como destaca Repiso en su prólogo, "historias como las de los protagonistas de los relatos De luto riguroso, Las luces o Cada uno se defiende como puede, además la anécdota, nos regalan la almendra amarga de la injusticia cometida contra esa gente que, en muchos casos, se avergonzaba por no saber leer ni escribir".

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