Maracena regala un Festival con mayúsculas

La calidad de un festival no sólo radica en el cartel propuesto. Gran parte del peso específico de un evento de este tipo lo pone el público que acude a presenciarlo, su complicidad y su respetuoso silencio. El viernes en Maracena, impulsado por el Ayuntamiento de la localidad, la peña Solera y Caña presentó su noveno festival. Un encuentro del más alto nivel, diseñado para satisfacer a todos los paladares. Para abrir la noche, un elenco de artistas, bajo la batuta (y la guitarra) de Miguel Ochando, se presentan con el nombre genérico de Oriente Andaluz. Su propuesta viene a ser la representación de Memoria, disco de este notable tocaor granadino. María José Pérez y Juan Ángel Tirado cantan al alimón unos martinetes, para retirarse y dejar al resto del grupo interpretar una guajira, que baila con gran estilo Anabel Moreno. Mueve con gracia la bata de cola y tiene un bonito juego de brazos, porque del taconeo, tan mal sonorizado en un tablero que retumbaba, mejor no comentar nada. El sonido en general era mediocre. A veces se confunden decibelios con calidad sonora. Oriente Andaluz, con una actuación un poco larga, en un escenario que no es el apropiado (en un teatro cerrado habría lucido), también hicieron, soleá por bulerías (Tirado); granaína y media, con la voz espléndida de María José; que también cantó alegrías; tangos del Sacromonte; un excelente zapateado de Ochando, con la segunda guitarra de Alfredo Mesa; y se marchan con algún cante minero rematado por tangos, que también baila con claro acento oriental, a la manera de Belén Maya, Anabel. Curro Andrés, a continuación, pone de manifiesto su sobriedad y academicismo. En cierto sentido recuerda a Calixto Sánchez. Nos deja cantiñas, milongas y fandangos. Le acompaña a la guitarra Antonio de la Luz.

Después del descanso llegan los platos fuertes -a propósito, en el ambigú no había nada para comer, tan solo bebida-. Luis el Zambo desespereza esta segunda parte con bulerías por soleá. El aire de Jerez marca una entrega de gran pureza. Sigue con seguiriyas y fandangos, con el mismo desgarro agitanado que crea adicción. Y vuelve a ser grande por bulerías. A su lado, el joven sevillano Manuel Herrera le da el pie preciso con un soniquete ajustado. Continúa la pureza con José de la Tomasa, que impone el dominio de sus registros en la soleá. No se esfuerza demasiado y expone un repertorio puramente festivalero, en el que hace alegrías, fandangos y bulerías. Se echaron de menos las granaínas, con su estilo ejemplar. Cierra la noche un cantaor en buena forma y muy requerido. El extremeño Manuel de Tena es el más ovacionado de la velada. Desde la farruca, con su voz laína, conquista al respetable, para hacerlos incondicionales definitivamente con la granaína. Para la zambra caracolera 'La Salvaora' abandona definitivamente el micrófono. Arrasa finalmente con su generosidad por fandangos, también a boca de escenario. Acompañó a estos dos últimos artistas la guitarra sabia y limpia del sevillano Antonio Carrión.

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