arte hoy

Maridaje en los pinceles

Galería Toro

Cuando como meros espectadores los ciudadanos observan la obra de un artista, suelen preguntarse: ¿Qué es lo que hace que una persona se enfrente por primera vez al acto de creación?, ¿qué le ha motivado a ello?, ¿son criaturas especiales cuya genética o medio ambiente les ha conducido hacia ese camino que no todos transitan?, ¿hay algo mas que los impulsa a ello?.

En el caso de Willy L'eEplattenier, ese impulso, esas ganas de plasmar su universo de una manera específica se manifiesta de una manera clara cuando se conoce su origen. L'Eplattenier nació en La Chaux de Fonds, Patrimonio Mundial de la Humanidad desde el 2009, Suiza, nieto de Charles L'Eplattenier, una importante figura de la escena artística de dicho país a finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, profesor en la Escuela de Arte de La Chaux de Fonds. Fue alumno suyo el arquitecto, urbanista y pintor Le Corbusier, nacido también en la misma ciudad, al que orientó hacia la pintura primero y hacia la arquitectura después, enseñándole historia del arte, dibujo y la estética naturalista del art nouveau. Le Corbusier dijo de él mas tarde que fue "su único maestro".

No es de extrañar, por tanto, que más tarde o más temprano, el ambiente artístico en el que vivió rodeado Willy L'Eplattenier desde su infancia influyese en él, la expresión artística. La creación, el color, la materia y la formas en el centro de la existencia le condujeron a la realidad de hoy.

Desde una concepción analítica y racional que se asienta en las matemáticas, Willy L'Eplattenier se pasea y se adentra por nuevos caminos del cubismo, por rutas no transitadas que conceden a su obra una personalidad única, difícilmente transferible. Quizás donde resulta más impactante es al realizar una síntesis de dos corrientes que surgieron con fuerza a comienzos del siglo XX: el cubismo, del que descarta los tonos pictóricos apagados de este movimiento, para el utilizar el empleo provocativo del color del fauvismo. La unión de estas dos corrientes se plasma claramente en sus obras.

En esta exposición, que estará abierta hasta el 15 de mayo, además de su obra pictórica merecen mención aparte sus grabados, en los que con una técnica distinta reproduce su mismo universo.

Él pinta como un medidor, como quién a plomo calibró la vida, y encontró las reglas por las que deben regirse los colores, las sombras, los sentimientos. Cada cuadro de Willy L'Eplattenier es un trabajo de marquetería de formas y colores, en el que el autor invita a contemplar, medido a escala y trasladado al lienzo, su mundo interior de emociones, su propia dimensión de la soledad del dolor, de la alegría o de la fiesta. Y eso es quizás lo que conmociona de su obra, la forma reglada, en que como en la vida, van teniendo su espacio los objetos, los estados de ánimo y su personal propuesta de luces y de sombras. Él ofrece los símbolos de la fiesta, el esfuerzo por la alegría con la que los hombres combaten la terquedad del dolor que les persigue.

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