Mariquilla tuvo y Mariquilla retuvo

Ayer se clausuró el IX Festival de Otoño de Granada con un balance positivo en cuanto a la respuesta del público, que cubrió todas las localidades del teatro durante los cinco días que duró. Granada en cuerpo y alma de Juan Andrés Maya, como ya dijimos en su estreno, es una función eminentemente local que necesita ser limada en su conjunto. Reconocemos, no obstante, aciertos y actuaciones notables. Entre sus turbias aguas se arraciman algunos dignos islotes.

Entre mis reconocimientos se encuentra María Guardia Mariquilla, la artista invitada que tras veinte años de ausencia sobre el escenario para bailar, ofrece una pincelada tan flamenca como elegante. A Mariquilla, vestida de cola y azabache, la precede un vídeo de un gran momento de su vida, cuando triunfaba por todo el mundo y llevaba por bandera la ciudad de Granada. Después, tan sólo esboza unos pasos y, con alguna vuelta que deja aromas del pasado, comienza a recitar unos versos de su cosecha, Soñaba con una reina, donde habla de su trayectoria, y Manuel Benítez Carrasco del Albayzín, un homenaje a este poeta. Estas palabras están publicadas en sus memorias Ardiendo y echando chispas, que compiló Carlos Arbelos hace tres años. Entre los dos poemas y a su final, María sigue apuntando un baile más espiritual que pragmático, apoyándose en los palillos, que resuenan con el eco de los setenta, cuando le cantaba Fosforito. Este día, a pesar de sus limitaciones conceptuales, fue el más redondo y conseguido del ciclo. Como un canto de cisne, todos los actuantes dieron el todo por el todo. Además, hubo menos problemas de sonido. Llama la atención, en este sentido, el uso de un suelo acústico, especial para baile, que nos devuelve un sonido más limpio y natural, sin micrófonos a la vista. Pero continúa pareciéndonos una obra demasiado larga y sin argumento definido. La zambra, capitaneada por Curro Albayzín, destaca en el comienzo. A partir de aquí, sobresalen algunos nombres personales, como el de Luis Mariano y su guitarra; el baile de Patricia Guerrero y el de Iván Vargas, sobre todo en la farruca; las voces tan 'granaínas', aunque a veces destempladas de Amparo y Rafi Heredia; la soleá de Juan Ángel Tirado; el paso a tres en las alegrías de Patricia, Iván y Alba; el espíritu, al fin y al cabo, de Ay, jondo, para homenajear a Mario Maya.

Espero que para la décima edición de estos Encuentros, nuestro Ayuntamiento se asesore con tiempo y apueste por el flamenco de vanguardia. Que programe un Festival competitivo, del que nos sintamos orgullosos.

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