Mark Knopfler, ‘héroe’ local

  • l El líder de Dire Straits cierra en Atarfe su gira española por todo lo alto: un concierto apoteósico cargado de fuerza y matices que hizo vibrar a 9.000 personas.

El azul eléctrico de los focos y la guitarra Fender Stratocaster roja y blanca de los Dire Straits, iluminada en el centro del enorme escenario, presagiaba un concierto plagado de recuerdos y emociones. Y así fue. Porque la contención y madurez creativas de Mark Knopfler se vertieron como un baño de nostalgia que emocionó, de principio a fin, a un público entregado a esta leyenda viva de la música.

Cómodo, sereno y arropado por su banda, el artista escocés llenó el escenario del Coliseo Ciudad de Atarfe con los temas más emblemáticos de su carrera de forma que, tal y como ya hiciera en sus recientes actuaciones en Barcelona y Madrid, tan sólo incluyó en su repertorio dos canciones de su último disco, Kill to get crimson. Y, a juzgar por la entrega de las nueve mil personas que coparon el aforo del recinto, la elección de un set list mucho más eléctrico que en anteriores giras fue todo un acierto.

No fue casualidad que el tema Cannibals, del álbum Golden Heart, abriera el espectáculo a fuerza de violín, contrabajo, acordeón, guitarras acústicas y flautas, sustituyendo al tradicional Walk of life con el que el cantante y guitarrista solía comenzar sus directos. Y es que este corte, que bien podría enmarcase en el folk que el artista viene reivindicando, definió desde el principio el sonido del show: cristalino, potente y con la ajustada dosis de contundencia.

Knopfler no interpretaba este tema en directo desde 1996, año en el que se editó  el disco Golden Heart en el que se incluye y, además, nunca había arrancado un concierto con el mismo. Y desde el inicio, la banda formada por el guitarrista Richard Bennett, el batería Dani Cummings, los teclistas Guy Fletcher y Matt Rollings, el bajista Glenn Worf y el violinista John McCusker, lució compacta y exquisita. Sonaron después tres de los temas más conocidos de su carerra en solitario –Why aye man, What it is y Sailing to Philadelphia– hasta que el artista se decidió a interpretar uno de los cortes del último álbum, concretamente el que lo abre: True love will never fade, y arrancó las primeras palmas del público.

A partir de aquí, la intimidad y el concepto minimalista quedaron relegados por unos momentos cuando el violinista John McCusker logró el primer golpe de efecto al interpretar en clave celta The fish and the bird y, aunque no es uno de los mejores temas de su último disco, Knopfler destapó todo el juego en directo.

Hill farmer’s blues, una de las grandes sorpresas de la noche, daría paso después a un momento histórico: los míticos Romeo and Juliet y Sultans of Swing, de Dire Straits, fueron coreadas por un público entregado. Precisamente con este último tema la adrenalina subió por  todo lo alto. El artista ofreció una versión con cuatro músicos, dos guitarras, bajo y teclado, al igual que en la versión original en 1978. Justo en ese momento, el británico presentó a su banda mientras el público coreaba el popular “oe, oe, oe...”

Las canciones Marbletown, Daddy’s gone to Knoxville, Postcards from Paraguay y Speedway at Nazareth –de la discografía en solitario del artista– cerraron el espectáculo junto a Telegraph Road del disco Love over gold: otro gran clásico de los Dire Straits, en su versión íntegra con quince minutos de gloria musical. Después llegaron los celebrados bises con Brothers in arms, Our Shangri-la y la histórica So far away. El punto y final de la cita, la única de Knopfler en los últimos 15 años en Andalucía, la puso el mítico Going home, de la banda sonora de Local hero.

Así concluyeron las más de dos horas de concierto, que resultó completo y equilibrado. Knopfler –que ha vendido millones de discos en todo el mundo y que posee una brillante carrera en solitario tras haber ganado numerosos Grammy al frente de Dire Straits– agradeció el cariño de sus incondicionales y se marchó de Atarfe a los pocos minutos, concluyendo de esta forma su paso por España.

Abducidos por la magia del concierto, muchos de los espectadores decidieron prolongar la noche en la fiesta tributo a Dire Straits (a cargo de  Rockaway y Brothers in band) que se celebró en una carpa ubicada junto al Coliseo. Los demás abandonaron el recinto como llegaron: escalonadamente. Alrededor de 300 efectivos velaron por la seguridad del espectáculo, que se desarrolló sin incidentes con la excepción de un   accidente de tráfico en la carretera de Córdoba que dificultó el acceso a la ciudad. El Ayuntamiento habilitó para la ocasión 7.000 aparcamientos numerados y distribuidos en cuatro amplias zonas alrededor del recinto.

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