Marlon Brando, en las calles de Granada

  • Acudió a comer en el restaurante a finales de los años cincuenta durante un descanso del rodaje de 'El baile de los malditos'

No tardó mucho en que lo descubrieran. Llevaba el pelo teñido de rubio platino por exigencias del guión, pero aun así, era perfectamente reconocible. "¡Es Marlon Brando!", exclamó una chica de 18 años al verlo sentarse en la terraza del restaurante Sevilla, en la calle Oficios. Su hermano menor, Juan Luis Álvarez, que entonces tenía ocho años, aún recuerda aquella escena. Su familia era la propietaria del restaurante y él no conocía a aquel tipo. "Pero mi hermana y mi prima, que vivía con nosotros, eran incondicionales de él. A mí me llamó mucho la atención por el color del pelo".

Era el verano de 1958 y Marlon Brando participaba en el rodaje de la película El baile de los malditos, algunas de cuyas escenas se estaban filmando en Guadix y Almería. Brando aprovechó un descanso para preguntar por algún buen restaurante en Granada y presentarse en el Sevilla a almorzar. "Era antipático", explica Juan Luis Álvarez. "No quería que se acercara nadie a pedirle un autógrafo. Sin embargo, a mí, como era pelirrojo, me dejó que me sentase en la mesa con él y me habló de algunas cosas, aunque no recuerdo qué".

Enseguida se corrió la voz de que Marlon Brando estaba comiendo en el Sevilla y la gente comenzó a agolparse a su alrededor. Tuvo que acudir la entonces Policía Armada y hacer un cordón para que nadie se acercara al actor, que almorzaba impasiblemente, ajeno al bullicio que le rodeaba.

¿Qué comió Brando? "El maitre que lo atendió, Manuel Ortega, aún vive y se acuerda perfectamente de aquel día", comenta Álvarez. "Marlon Brando tomó de primero una sopa sevillana, un plato muy tradicional del restaurante, rabo de toro y, de postre, una manzana asada, que también era una especialidad nuestra. Lo que sí le llamó la atención al maitre es que no tomó ningún tipo de vino. Sólo agua. '¡Qué poca gracia tenía!', me ha dicho muchas veces Manuel", rememora Álvarez.

Sin embargo, al terminar, el actor le regaló a aquel niño de ocho años una foto suya dedicada. "To the Sevilla", reza el texto. También escribió en el libro de visitas del restaurante alabando los buenos platos que acababa de degustar. "Ahora he cedido la foto y el libro al Festival Retroback", explica el propietario del restaurante Sevilla.

El baile de los malditos, dirigida por Edward Dmytryk, fue una película de enjundia por el reparto que aparecía en él: Marlon Brando, Montgomery Clift, Dean Martin, Lee Van Cleef... Trataba de una historia en la Segunda Guerra Mundial en la que un oficial nazi y otro norteamericano se encuentran en un campo de concentración alemán. Ambos mantienen sus propios códigos de honor y de conducta. La película llegó a tener tres nominaciones a los Oscar.

"No hay fotos de Marlon Brando comiendo en el restaurante porque en aquella época no era costumbre tener cámaras de fotos ni nada de eso", comenta Juan Luis Álvarez. "Hoy todo el mundo lo habría fotografiado con sus móviles y con sus cámaras digitales, pero en aquella época no existía eso".

Se desconoce lo que hizo Marlon Brando el resto del día en Granada. Posiblemente se desplazaría a la Alhambra para visitar el recinto monumental, dada la curiosidad que Marlon Brando mostró siempre por otras culturas.

"Se mostró muy distante y frío todo el tiempo, ignorando por completo a la gente que había a su alrededor y a los policías que habían hecho el cordón para evitar que se acercaran a él. Daba la sensación de que quería estar solo y que no lo molestaran".

Marlon Brando, fallecido en 2004 a los ochenta años de edad, fue siempre un actor ajeno al sistema de Hollywood, a los tejemanejes de la industria cinematográfica. Cuando, tras películas como Un tranvía llamado deseo o La ley del silencio, le llegó un éxito desbordante, el actor decidió desligarse de las prácticas habituales de la Meca del cine. Eso le acarreó la fama de polémico y esquivo y la desconfianza de las grandes compañías cinematográficas.

Sin embargo, su aparición en El Padrino, película que lo rescató para el cine, lo devolvió al candelero. Pero siempre actuó de manera indisciplinada hacia lo que se esperaba de él. Para el rodaje de Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, decidió, por su propia cuenta, engordar y raparse el pelo al cero. Eso hizo que sus tomas tuvieran que hacerse entre sombras porque su imagen no concordaba con la de la fotografía que él había proporcionado al director y que era un elemento central de la cinta.

Brando también desplantó a Hollywood al negarse a recoger un Oscar y enviar a una nativa india en su lugar. Era el mismo carácter que había exhibido tantos años antes en el Sevilla.

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