Mínimos gestos de percepción

A pesar de los rumores, de los malentendidos, de los interesados augurios, de los dimes y diretes, el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga continúa con su espectacular e interesante programación artística donde el arte internacional ocupa un espacio de auténtico privilegio. Pese a quien pese, el director del centro, Fernando Francés, sigue aportando lo más selecto que expositivamente se hace en Andalucía y generando las máximas expectativas para bien de todos. Afortunadamente nos queda Málaga y lo que ocurre en el antiguo Mercado de Mayoristas.

Constatación absoluta de lo hasta ahora manifestado es esta exposición de Roni Horn, artista norteamericana -Nueva York, 1955- cuya esclarecedora obra ha sido protagonista de una amplia parcela de la realidad artística acaecida desde el último tercio del siglo XX. Ahora presenta en España su primera exposición individual y lo hace a lo grande, dejando constancia de todos cuantos aspectos han configurado su extensa obra y posibilitando un feliz encuentro donde se pone de manifiesto un arte a contracorriente, preñado de modernidad y sentido -lo que casi todos quieren asumir y casi nadie puede conseguir -. El trabajo de Roni Horn puede considerarse en cierta manera heredero -al menos, visto desde la distancia- de la estética minimalista, pero dejando desarrollar un significativo desenlace donde tiene lugar muchas más circunstancias que los fríos y posicionales argumentos de la estética mínimal.

Su obra, planteada desde los más diversos modos y medios -fotografía, dibujo, vídeo, libros de artista o ensayo- nos introduce en un afán desmedido por situarnos ente una imagen que proporciona sustanciales desarrollos; aspectos que inciden en mínimos gestos individuales donde se manifiestan aspectos diferenciales de la personalidad humana, del medio ambiente, de la naturaleza y su proceso relacionado con el ser humano.

Sus piezas son múltiples de una misma imagen que se va repitiendo hasta la saciedad argumentando sus inapreciables gestos diferenciadores. Se trata de un proceso acuciante de observación, de un meticuloso y repetitivo método donde los cambios, apenas apreciables, posibilitan infinitos juegos de percepción. La realidad muestra sus cambios menos reseñables pero ahonda en un concepto novedoso donde todo es posible y deja entrever los reducidos espacios por donde la mirada muestra su arbitrario grado de complicidad.

Una vez más el gran arte internacional se nos hace presente para manifestar que, si se quiere, se tienen las ideas claras y se saben buscar los medios adecuados, es posible encuentros afortunados como el que ahora ocupa el espacio expositivo malagueño.

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