Mudo y divertido oasis de talento

Francia, 2011, Drama romántico, 100 min. Dirección y guión: Michel Hazanavicius. Intérpretes: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, James Cromwell, John Goodman, Penelope Ann Miller. Música: Ludovic Bource. Fotografía: Guillaume Schiffman. Cines: Multicines Centro.

El crepúsculo de los dioses, en versión ácida, y Cantando bajo la lluvia, en versión musical, trataban de la misma época de la historia del cine (en la de Wilder a través de sus consecuencias años después y en la de Donen en el mismo momento del cambio) utilizando la muerte del cine mudo y la irrupción del sonoro para hacer una reflexión sobre los cambios que, en el momento en el que se realizaron estas dos películas, 1950 y 1952, afectaban a un Hollywood en transición del cine clásico al moderno y en el umbral de la última década de esplendor del sistema de los estudios.

Es posible que esta espléndida película de Michel Hazanavicius represente en el futuro, con respecto al momento de transformación que en estos años vive el cine, lo mismo que aquellas dos obras maestras.

Sólo el tiempo lo dirá. De momento, y sin restarle méritos, cabe decir tres cosas: Hazanavicius ha demostrado un gran talento para reescribir géneros: curiosa fue su opción de resucitar al agente secreto OSS 117, llevado al cine en los 60, y hacerlo en el estilo de la época parodiando/homenajeando el cine de Philippe de Broca y Belmondo; pero, salvo que The Artist sea la primera muestra, aún no ha demostrado el genio de Wilder y de Donen; El crepúsculo de los dioses y Cantando bajo la lluvia reflexionaban sobre la transición del mudo al sonoro y sus efectos desarrollando formas cinematográficas innovadoras, mientras que The Artist recrea desde dentro, casi como si estuviera rodada en los años 20, el estilo del cine mudo; por fin, el mustio momento que vive hoy el cine poco tiene que ver con los excitantes cambios que se producían cuando Wilder y Donen rodaron sus obras maestras: entonces se trataba de una profunda transformación insertada en la evolución del cine clásico, ahora de un horizonte, tan tecnificado como poco creativo, en el que hace tiempo que el cine dejó de ser el espectáculo rey de la imagen en movimiento para convertirse en el siervo de la televisión, primero, y de los videoclips o los videojuegos, después. Tal vez lo que el futuro establezca como mayor mérito de The Artist sea haberle recordado al cine qué ha sido para que sepa qué debe ser si no quiere perecer sin honra y sin barcos.

De momento lo que sí puede decirse es que, yendo mucho más lejos que Mel Brooks y su Silent Movie (1976: película muda en homenaje a los pioneros del humor), Hazanavicius ha realizado un sorprendente ejercicio de estilo desde las mismas entrañas del lenguaje -iluminación, composición del plano, movimientos de cámara, luces del blanco y negro, montaje, interpretaciones- del cine mudo. Logrando, lo que es aún más desconcertante en los tiempos que corren, una nostálgica, amable, bella, inteligente y divertidísima película que tiene el mérito de entretener, encantar y hacer reír a los públicos estragados por los excesos técnicos -sobre todo sonoros- del actual cine comercial.

Clásica historia-ascensor al estilo de Ha nacido una estrella -él baja del éxito al fracaso, ella sube del anonimato al éxito- de una estrella a lo Fairbanks o a lo Novarro (espléndido Jean Dujardin) al que el sonoro arruinará y de una chica (Berenice Bejo, estupenda parodia de la Crawford o la Dietrich) a la que encumbrará, con el telón de fondo de un Hollywood sacudido por el boom del sonoro y por el crack del 29, que funcionan perfectamente al ser narradas con el estilo del cine mudo sin desdeñar algunos recursos narrativos actuales. Un oasis de talento en medio de este ruidoso desierto Dolby 3D.

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