Muere Javier Krahe, el hijo predilecto de la ironía

  • El cantautor falleció a los 71 años en su casa de Zahara de los Atunes por un fulminante ataque cardíaco

No hace mucho tiempo, Javier Krahe explicaba que su gran proyecto vital era poder ver crecer a sus nietas todo lo que le fuera posible. Su modesto, pero ambicioso plan, se truncó ayer a las cinco de la madrugada al fallecer de un ataque cardíaco en su paraíso personal de Zahara de los Atunes. Autor de más de quince discos, Krahe era de esos artistas que ponen a prueba los nervios de los periodistas; tras cada pregunta hacía un silencio de esos en los que suena un tic-tac aunque no haya un reloj de por medio. Después respondía con algún monosílabo y volvía a cernirse el silencio, sin que el plumilla supiera si es que ya había respondido o es que seguía pensándoselo. De nuevo el abismo hasta que Krahe respondía, pero espaciaba tanto sus reflexiones que nunca se sabía cuando había terminado de contestar. Ante todo, era un hombre singular, que escondía tras la ironía un caudal de ternura. Desde sus inicios hasta sus últimos conciertos casi nada cambió de su puesta en escena, quizás sólo que se tuvo que dejar su paquete de Ducados en el camerino, pero aparte de este detalle se quedó al margen del tiempo, quizás la razón por la que no caducó como otros cantautores de los ochenta. En el escenario solía recordar que en una ocasión se puso a componer una canción protesta. Se sentó en su hamaca para darle vueltas y su mujer le dijo que si quería que le preparase una caipiriña y le liase un porrito. No se negó, pero calada va y sorbo viene tomó una determinación: "No estoy en condiciones de hacer una canción protesta, así que yo hago la canción y luego ya que proteste ella", decía un hombre que, pese a todo, había firmado Cuervo ingenuo, un repaso por los primeros años del gobierno de Felipe González que TVE decidió vetar cuando la cantó junto a Joaquín Sabina en el 85. Canciones más recientes como Ay Democracia -"Me gustas democracia porque estás como ausente"- son prueba de que su compromiso político no languideció con los años.

Tenía un público pequeño, pero fiel y caluroso, dispuesto a reír a mandíbula batiente todas las ocurrencias que soltara entre canción y canción, lo que ahora se llama monólogo y que Krahe ya hacía en el escenario desde hace décadas. Para presentar Cuando desperté hablaba de las influencias que había tenido a la hora de componerla: Lope de Vega, Calderón, Shakespeare, Machado... "Pues bien, no se nota nada y, en cambio, le ha quedado un aire a lo Corín Tellado...".

En los últimos años venía a Granada con asiduidad, al Secadero de Alhendín -hasta que cerró sus puertas- o a La Tertulia, lo más parecido que ha habido a La Mandrágora en la ciudad. Desgarbado, con su barba blanca amarilleada en el bigote por la nicotina, llegaba con su guitarrista y creaba un ambiente de complicidad como ningún otro artista será capaz de tejer, a golpe de ironía y de ingenio. "Mi manager me dijo el otro día que con mi repertorio no voy a conseguir entrar en el mercado chino", comentaba.

"No conozco a nadie con más éxito que Javier Krahe", decía su amigo y excompañero de escenario Joaquín Sabina en el documental Esta no es la vida privada de Javier Krahe (2005). Ambos están asociados indisolublemente a La Mandrágora, donde Krahe se tomaba un valium antes de salir a actuar. Había aprendido a tocar la guitarra poco antes, pero él se defendía diciendo que "afinar es un elitismo".

Su éxito no se puede medir en discos de oro, pero su momento de mayor celebridad llegó en los ochenta cuando desembarcó en el programa de García Tola, cantó Marieta y la centralita se colapsó porque repetía en el estribillo la palabra gilipollas.

Pero era de los pocos tacos que se le podían escuchar a un hombre que se permitía decir esto es la "monda" sin que pareciera ridículo o un fiel seguidor de Tamara Falcó. Educado y exquisito hasta la médula, también tuvo algo de incomprendido. Sabina cuenta que en una ocasión, en el Café Gijón, un insigne poeta insistía en que era un aburrido. Pasados treinta minutos le preguntó quién era el autor de este verso: "Tú que has tenido la rara fortuna de conocer, el corazón a la luz de la luna de mi mujer, tú que has sabido tomarle el tranquillo a sus abrazos, más de una vez te adivino en el brillo de sus ojazos". "¿Garcilaso?" "No cabrón, Javier Krahe, respondió el autor de Princesa.

Amante de la poesía española del Siglo de Oro y del 27 y de la música de George Brassens, el éxito de Krahe se mide sobre todo en términos de independencia. Nadie se libraba de la acidez de su ingenio, ni siquiera, por supuesto, él mismo.

Sus letras también dejaron constancia de su ateísmo, que le puso contra las cuerdas de un modo insólito hace un par de años, cuando fue juzgado -y finalmente absuelto- por la emisión televisiva, en 2004, de un vídeo grabado por Krahe a finales de los 70, en el que explicaba humorísticamente "cómo cocinar un Cristo para dos personas". En No todo va a ser follar escondía, detrás de la provocación, un canto a las pequeñas cosas, y en La hoguera, otro de sus himnos, se divertía enumerando los modos más crueles de morir.

"No digáis se nos fue el mejor de todos, malogróse el cumplido cantautor, era bueno, tenía suaves modos...", citó Pablo Carbonell, extrayendo un verso de Los siete pecados capitales.

La humorista y presentadora Eva Hache recordó un extracto de El cromosoma: "La muerte no me llena de tristeza, las flores que saldrán por mi cabeza algo darán de aroma", escribió en su perfil social. De la órbita política llegaron las palabras del líder de Podemos, Pablo Iglesias, que recordó el momento en que, en noviembre pasado, salió al escenario de la sala Galileo Galilei con Krahe para cantar Cuervo Ingenuo. "Se nos va el gran Javier Krahe. Que la tierra te sea leve amigo. Fue el mayor honor entrevistarte y cantar contigo", dijo Iglesias.

Socarrón hasta la médula, su manera de estar ante la vida y sobre los escenarios se resume en una frase que pronunció en Vallecas durante un concierto de Eric Burdon. "Vámonos, esto no tiene mérito", le dijo a sus acompañantes. "¿Por qué"?, le preguntaron. "Porque sabe cantar, el mérito lo tenemos nosotros, que no tenemos ni puta idea", concluyó Krahe, un hombre irrepetible dentro del mundillo musical patrio.

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