Música para un aniversario

Concierto Extraordinario: Conmemoración del 20 aniversario de la OCG. Programa: Ludwig van Beethoven, Sinfonía núm. 9 en Re menor, op. 125 Coral. Solistas: Malin Hartelius (soprano), Marina Pardo (mezzosoprano), Donald Litaker (tenor), István Kovács (bajo). Coro Lieder Cámara (Xavier Pastrana, director) Coro de la Orquesta Ciudad de Granada (Daniel Mestre, director). Orquesta Ciudad de Granada. Director: Salvador Mas. Lugar: Palacio de Carlos V. Fecha: 7 y 8 de mayo de 2010.

La Orquesta Ciudad de Granada cumple sus primeros veinte años de andadura, y para celebrar tan importante efeméride ha ofrecido un concierto extraordinario en el que Salvador Mas, su actual director titular, dirigió la Sinfonía núm. 9 de Ludwig van Beethoven.

Han pasado veinte años desde que la entonces joven formación que era la OCG se presentase ante el público granadino. En este tiempo hemos vivido grandes momentos junto a ellos, nos hemos deleitado con programas extraordinarios, hemos conocido de sus manos nuevas músicas, y hemos aprendido a valorar las grandes obras de la historia. Atrás quedan también sinsabores, periodos de mayor inestabilidad, pérdidas irremplazables y algún que otro desencuentro artístico, pero hoy podemos congratularnos por tener ante nosotros una de las mejores orquestas del panorama nacional, que afronta el futuro con optimismo y ganas de seguir creciendo.

En la celebración del veinte aniversario se quiso recurrir a una de las obras cumbre de la historia de la música, la colosal Sinfonía núm. 9 Coral de Beethoven. La elección de esta partitura resulta muy acertada, pues su mensaje de confraternidad y optimismo se constituyen en el lema idóneo para la ocasión. La OCG, que tantas veces se ha acercado a Beethoven, demostró ser una orquesta de múltiples recursos y de una sonoridad espléndida. La versión que Salvador Mas construyó al frente de la que ahora es su orquesta no tuvo tacha alguna. Los tempi estuvieron equilibrados, dentro del dinamismo y la exactitud que la partitura requiere; el trabajo motívico encontró en la versión de Mas un equilibrio y una claridad difíciles de conseguir, pues la partitura requiere un profundo conocimiento por parte del director y una orquesta capaz de moldear sus efectivos en cada momento. Las cuerdas estuvieron timbradas, ágiles y compactas, y los vientos desplegaron su buen hacer en las numerosas ocasiones en las que Beethoven les reserva el peso melódico de la obra; cabe destacar también la labor de Jaume Esteve a los timbales, instrumento fundamental en la articulación de toda la partitura. Con todo ello, y pese a las dificultades que el frío supuso para los músicos, se interpretó una de las más bellas y perfectas versiones que de esta sinfonía he escuchado.

En cuanto a las voces, sorprende la enorme evolución que el Coro de la OCG está experimentando. La Novena es una partitura extrema en muchos sentidos, que exige para ser abordada no solo una calidad vocal considerable, sino también un trabajo técnico previo difícil de conseguir por una formación amateur. En este sentido, la parte coral no desmereció en absoluto las bondades de la sección orquestal. El Coro de la OCG, arropado para la ocasión con el Coro Lieder Cámara, demostró estar sobradamente preparado para abordar la interpretación de la parte coral sin dificultad, demostrando altas cotas de calidad en la articulación del fraseo y en la pronunciación del texto, máxime cuando cantaron sin partitura. Podemos verdaderamente sentirnos orgullosos de que nuestra orquesta haya crecido en los últimos años al incorporar esta formación coral a su repertorio. Por último, pero no por ello menos importante, habría que hablar de las voces solistas. La selección de las mismas fue también muy acertada, con timbres equilibrados que aunaban la potencia y la ductilidad necesarias para esta obra. István Kovács fue el encargado de abrir magistralmente la intervención solista, con la ya legendaria llamada a la alegría y la fraternidad. El tenor Donald Litaker salvó igualmente su difícil cometido, con una voz limpia y ágil en las tesituras agudas, y rica en armónicos en su registro medio. A ellos hay que unir las dos voces femeninas; las sopranos Malin Hartelius y Marina Pardo ofrecieron el complemento vocal idóneo, constituyéndose un cuarteto solista de excepción.Con todos estos elementos, la OCG se vistió de gala para rubricar en su veinte aniversario un concierto para la memoria. Qué mejor regalo podía ofrecer la OCG a su audiencia que una de las obras cumbres de todos los tiempos, y qué mejor recompensa se puede obtener a cambio que la calurosa y prolongada acogida de quienes siguen con interés su carrera artística.

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