Música para reflexionar

El segundo concierto de los Cursos Manuel de Falla ha estado a cargo del Trío Kandinsky. Su propuesta artística comprendía tres obras bien diversas, que iba desde el romanticismo incipiente de Franz Schubert hasta el personal lenguaje con referencias orientales de Toru Takemitsu, llegando finalmente a la espiritualidad de Olivier Messiaen.

Abriendo el concierto se interpretó el Nocturno en Mi bemol mayor de Schubert. Esta obra, escrita para trío con piano, evidencia el lenguaje romántico del autor a la vez que construye, a partir de una sencilla melodía de carácter ensoñador un interesante diálogo entre los tres instrumentos implicados. El Trío Kandinsky supo aprovechar las oportunidades expresivas de la obra para demostrar que, como conjunto, son un instrumento bien calibrado y de sonido dulce.

Le siguió en el programa Between Tides de Takemitsu. Obra ésta muy particular por el lenguaje del autor, requiere de cada intérprete un dominio de diversos usos tímbricos a la vez que demanda en su conjunto un alto grado de expresión y viveza. La versión que ofreció el Trío Kandinsky, si bien fue correcta, adoleció de la fuerza interpretativa que requiere la partitura, resultando algo plana en su sonoridad, lo que hizo su discurso monótono.

Pero cualquier carencia interpretativa del Trío Kandinsky fue superada y olvidada en la segunda parte del programa, en la que ofrecieron una maravillosa lectura del Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen. Obra escrita durante la Segunda Guerra Mundial, refleja los sentimientos de desilusión y preocupación que el compositor, unido a buena parte de la población europea, quiso expresar ante el avance de las tropas nazis. Nació como un trío para violín, violonchelo y clarinete durante el periodo de reclusión en un campo de prisioneros que sufrió Messiaen en 1941; más tarde, fue completado, añadiendo el piano en varios de sus movimientos.

De gran intimismo y dramatismo, es una obra que sólo se puede interpretar bien si uno se entrega por entero a ella, como en esta ocasión hicieron los miembros del Trío Kandinsky, junto con el clarinetista Harri Mäki. El patetismo y los sentimientos desgarrados de sus dos primeros movimientos contrastan con el tercero de ellos, "Abîme des oiseaux", escrito para clarinete solo; Harri Mäki hizo gala de su maestría al clarinete al escenificar los complejos y variados matices que encierran esta parte del cuarteto, verdadero canto solitario a caballo entre el desasosiego y la esperanza. También fue particularmente interesante el quinto movimiento, que bajo el título de "Louange à l'éternité de Jésus" confía al violonchelo una melodía solista con acompañamiento de piano; Amparo Lacruz fue la encargada de traducir esta plegaria en música, creando momentos de estremecimiento y emoción colectivos entre el público. Igualmente impactante fue el cierre de la obra, "Louange à l'immortalité de Jésus", confiada al violín solista de Corrado Bolsi.

Con este Cuarteto para el fin de los tiempos los componentes del Trío Kandinsky y el clarinetista Harri pusieron cierre a una velada en la que el público del Festival pudo encontrarse con tres extractos de lo mejor de la música de cámara de los últimos dos siglos; tres obras cargadas de significados y reflexiones que más de uno nos llevamos a la almohada.

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