"Nadie sabe qué es el rock & roll"

  • El músico vasco actúa esta noche con sus Fitipaldis en el Palacio de los Deportes dentro de la gira de 'Antes de quecuente diez' que le ha llevado por buena parte de Europa y que ha pasado por Shanghai

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Si Platero y Tú hacía canciones de marcha, cohetes para el sábado por la noche, las de Fito & Fitipaldis ofrecen una cura para la resaca del día siguiente. Adolfo Fito Cabrales (Bilbao, 1966) celebra con risas la comparación de Diego A. Manrique, porque "así es como debe ser". "Yo ahora no podría cantar las canciones de Platero, sería una mera pose. Y en cambio me emociono cantando las cosas que canto actualmente. Ésa es la única forma de poder emocionar a los demás. Entre una canción mala pero que al menos emocione y una buena que no haga sentir nada, me quedo siempre con la primera", dice esta especie de antiestrella que sin embargo es el protagonista del mayor fenómeno de ventas del rock español en la última década.

Un estatus alcanzado desde planteamientos modestos aunque hace tiempo que llena polideportivos y estadios. Lo mismo en estos que en los bares donde empezó a tocar por puro gusto después de la disolución de Platero y Tú, Fito Cabrales se apoya en canciones con un modelo claro y compacto, rock & roll limpio y ligero con estribillos pop y una lírica de vulnerabilidad y arrepentimiento.

Y con estos mimbres el bilbaíno lleva publicados siete discos desde 1998, el último de ellos Antes de que cuente diez. Dentro de la gira de este álbum, iniciada hace meses, llega esta noche al Palacio de los Deportes de Granada. Será uno de los últimos conciertos de una gira en la que se ha dado el "capricho" de tocar con su banda en varios festivales europeos e incluso en Shanghai. "Nos parecía divertido tocar en sitios donde nadie nos conoce. No hay más pretensiones que hacer el guiri", bromea.

Precisamente porque en España se le conoce bien y desde hace años, el cantante y guitarrista ha tenido que lidiar con algunos reproches, lanzados fundamentalmente desde cierta ortodoxia rockera y desde la nostalgia de aquella alianza con el rock callejero, áspero y en el fondo empedernidamente romántico de Extremoduro, que tanta popularidad dio a Platero y Tú. Hay todo un clásico: ah, es que ahora gusta a las chicas. Se parte. "Eso tiene más que ver con la edad que con otra cosa. Esa rebeldía de no entender las cosas y estar equivocado es parte fundamental de ser adolescente. Pero es que yo tengo 43 años. El gran mito del rock & roll es... que nadie sabe muy bien qué es el rock & roll [se ríe]. Es una actitud. "Un chaval con una guitarra acústica en un bar debajo de su casa puede ser muy rockero, y cuatro tíos con los Marshall a tope pueden ser unos mariquitas... No es el volumen del ampli, sino lo sincero y lo crudo que eres contigo mismo. Yo creo que eso es el rock & roll", replica él. "Yo entiendo que esos chavales que ahora no me entienden a lo mejor estuvieron en un concierto de Platero y Tú y lo fliparon. ¿Y qué les digo? Pues gracias por haber venido a vernos, y ya está", responde.

Fito Cabrales no se enfada. Es como ese conocido del pueblo que cae bien a todo el mundo.

Aunque le haya ido tan bien, valga el odioso tópico español. Unos lo achacan a su cordialidad, a la normalidad con la que gestiona su triunfal carrera. Él no sabe a qué se debe, pero lo vive como "un éxito realmente compartido". "La gente se alegra de que me sucedan cosas buenas. Eso me parece, lo que es un punto y aparte. ¿Por qué? No lo sé, ni lo quiero saber. Pero está claro que es algo más que musical. Sinceramente, no sé por qué a alguien le interesa lo que yo hago más que lo que hace otra persona, ni por qué ahora vienen 15.000 y antes venían 1.000", afirma.

Aunque sospecha que "algo puede tener que ver" la pasión con la que se entrega a su oficio -"hacer las cosas de manera automática da asco, ¿no?"- y la "coherencia". "La gente no es idiota, y sabe distinguir cuando alguien hace las cosas porque cree que son así y cuando un disco está pensado como un producto para llegar a más gente.

No creo que exista en el rock ningún disco pensado para triunfar que haya triunfado", dice. En este momento, y a pesar de la opacidad habitual en esta materia, 3.000 ó 4.000 copias puede darle a cualquiera un sitio entre lo más alto de la lista de ventas en España. Son cifras que pueden ayudar a entender con más precisión la magnitud del fenómeno Fitipaldis.

Tras menos de una semana en las tiendas, Ante de que cuente diez logró ya un Disco de Oro, 30.000 ejemplares tras la última rebaja del baremo por parte de una industria musical mucho más que agónica.

En este punto, el discurso de Cabrales es bastante más sincero de lo que cabría esperar. "El problema de las descargas es pura y exclusivamente de la industria discográfica. Nunca ha habido más festivales, nunca ha habido más gente que quiera ir a conciertos y nunca ha habido tanta ansia de conocer bandas. Llevamos tanto tiempo haciendo discos que se ha llegado a pensar que no puede haber otra forma de dar a conocer nuestra música. Pero la hay.Yo sigo yendo a las tiendas de discos, y desde el punto de vista personal, sentimental, me da pena, aparte de que sinceramente me cuesta pensar que mi disco pueda ser un archivo. Pero sé que todo esto no tiene nada que ver con la salud musical. Mira, ¡como si no hay discos! Lo que va a existir siempre es la música, ¿o es que no la había cuando ni siquiera se podía grabar?". Y además, recuerda, él no tiene que pagar un Ferrari ni mantener a "chicas Playboy en la piscina". "A mí lo que me gusta es dar vueltas por el pueblo [reside en Guernica], estar con mis chavales, recargar bien las baterías para el siguiente concierto y ver el DVD de Rory Gallagher que me compré el otro día".

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