El Nobel premia la narrativa rompedora de Le Clézio y rescata las letras francesas

  • El escritor, que no partía como favorito, está considerado uno de los principales autores de las letras galas y atesora galardones tan importantes como el Renaudot o el de la Academia Francesa

El Nobel de Literatura 2008 reconoció ayer la narrativa rompedora de Jean-Marie Gustave Le Clézio y devolvió a Francia, el país más distinguido en la historia, con 14 galardones, el premio más prestigioso de las letras universales. Aunque el chino Gao Xingjian, premiado en 2000, tiene nacionalidad francesa, no escribe en esta lengua sino en mandarín, por lo que el último representante en rigor de las letras francesas premiado hasta ahora había sido Claude Simon (1985).

La Academia Sueca calificó en su fallo a Le Clézio (Niza, 1940) como "autor de nuevos rumbos, de la aventura poética y del éxtasis sensual" y de "explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante". Le Clézio está considerado uno de los principales escritores franceses y atesora galardones importantes como el Renaudot o el de la Academia Francesa. Pero su nombre no figuraba entre los principales favoritos este año -con el italiano Claudio Magris a la cabeza-, como ya ocurrió en 2007 con la británica Doris Lessing o hace cuatro años con la austríaca Elfriede Jelinek, una elección aún más inesperada.

Con Jelinek y Le Clézio se da una llamativa coincidencia: ambos han sido reconocidos con el Nobel el mismo año en que recibían el premio Stig Dagerman; un galardón que el escritor galo acudirá a recoger el próximo día 25 a Älvkarleby, al norte de Estocolmo. Le Clézio estará el 10 de diciembre en Estocolmo para recibir el Nobel.

Su elección alimenta además la polémica previa provocada por unas declaraciones del secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdahl, en las que calificaba de "insular" la literatura de EEUU y denunciaba su papel "marginal" en las letras universales. Engdahl es experto en literatura francesa y traductor al sueco de escritores como Maurice Blanchot y Jacques Derrida.

Le Clézio es autor de medio centenar de obras, fundamentalmente novelas pero también ensayos y algún libro para niños, en los que ha plasmado su gusto por los viajes, su sensibilidad ecologista y su amor por la cultura amerindia y por México.

Hijo de madre bretona y padre británico afincados en la isla Mauricio, con 7 años, Le Clézio, bilingüe en francés e inglés, escribió sus dos primeros libros, relatando su viaje a Nigeria. Su primera novela, Le procès-verbal (1963), premio Renaudot, causó sensación: partiendo de los restos del existencialismo y del nouveau roman, rescató las palabras del "estado degenerado del lenguaje cotidiano" y les devolvió la fuerza para invocar una "realidad esencial", como señaló la Academia en su fallo. Esa misma línea continuaron obras como La fièvre (1965) y Le déluge (1966), y la preocupación ecológica quedó patente en Terra amata (1967), entre otras.

Su consagración definitiva vino con Désert (1980), colección de imágenes sobre una cultura perdida norteafricana en contraste con la visión de Europa a través de los ojos de inmigrantes no deseados, que le valió el premio de la Academia Francesa.

Sus largas estadías en México y América Central a principios de los 70 marcaron la evolución de su obra y le llevaron a buscar una nueva espiritualidad en contacto con los indios, plasmada en Voyage de l'autre côté. La traducción al francés de obras como Las profecías de Chilam Balam o El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido revelan su fascinación por el pasado de México, objeto de su tesis doctoral en la Universidad de Perpiñán (1983). El sueño del paraíso perdido aparece en otro de sus libros más famosos, Le chercheur d'or (1985).

Temas como la memoria, el exilio, la reorientación de la juventud y el conflicto cultural responden a una tendencia hacia la exploración del mundo de la infancia y la historia de su propia familia, presentes en Onitsha (1991) y L'Africain (2004), entre otras. Ritournelle de la faim, de reciente publicación, es el último nombre a añadir a una extensa producción que le ha valido el Nobel.

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