Noche, secretos y miedos

Los símbolos y los ambientes de los relatos de Julio Cortazar están muy presentes en este sugestivo largometraje nocturno de Yousry Nasrallah. El acuario excavado en la arena que da título a la cinta, cuyas puertas el protagonista teme franquear es el caso más obvio, pero los mundos surreales de Cortazar están también en secuencias aparentemente inconexas como la visita a una granja de pollos, la excursión para desayunar hígado de camello, el espectáculo circense del domador de leones y la película muda que cuenta la historia de la princesa y el pichón. También esos momentos en los que se nos sitúa ante la realidad política y social del Egipto de hoy tienen atmósfera de duermevela: esa manifestación contra la corrupción en completo silencio, con la cámara recorriendo lentamente las pancartas y los rostros de los policías.

El anestesista Yousef se inyecta morfina para convencer a su padre enfermo de que acepte la droga que le evitará sufrir, y disfruta escuchando las historias alucinadas de sus pacientes mientras los duerme, o las de las chicas que acuden a la clínica abortista donde obtiene un sobresueldo. El guía del acuario se percatará de su condición de voyeur y le dará lo que busca. Leila, la locutora, oye y comenta los testimonios sobre sexo, soledad y desamor que llegan a su programa nocturno. Ambos escuchan los secretos de los demás, pero son incapaces de afrontar los propios. Sus vidas son paralelas, pero no se conocen. Carecen de asideros, uno vive en su coche, la otra se refugia en la noche y las historias ajenas, tienen miedo pero no la exclusiva del miedo. Está en todas partes, en su mundo cerrado Yousef y Laila no lo saben, pero sí el espectador gracias a los personajes secundarios que se dirigen a la cámara y hablan de esas inseguridades. Estos personajes que rompen una barrera, la de la pantalla, nos dan la clave de lo que deben hacer Leila y Yousef para dejar de ser unos peces prisioneros del acuario: romper el cristal de la pecera -o del locutorio atreviéndose a emitir el testimonio de Yousef-. De que lo consigan o no dependerá que además de escuchar y sanar el dolor de los demás hallen remedio para su propia soledad y su miedo.

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