Nollywood: Cine popular y cintas de vídeo

Desde que el periodista Matt Steinglass acuñara el neologismo en las páginas de The New York Times, Nollywood, a saber, el cine nigeriano popular realizado en vídeo, se ha erigido en el último gran fenómeno de los 'cines del mundo' y en el principal catalizador del proceso de transformación del panorama audiovisual africano. El Festival Cines del Sur no ha querido ser ajeno a este boom y ha dedicado al asunto una interesante y esclarecedora mesa redonda en la que participaron con, entre otros, Alberto Elena, Director de Programación del festival, Fernando González, o el norteamericano Jonathan Haynes, uno de los máximos expertos mundiales en la materia.

Nollywood apabulla con sus cifras: una producción creciente de largometrajes realizados en vídeo (y comercializados primero en VHS, luego en VCD y ahora en DVD) que ha alcanzado cotas de más de 2.500 largometrajes anuales, lo que coloca a la industria nigeriana en el segundo puesto mundial (tras Bollywood) a nivel de producción; un (bajísimo) coste de medio de 20.000 dólares por título; la creación de cerca de 300.000 empleos (incluido un star system propio) derivados de su industria, convertida ya en la segunda más importante del país después de la petrolífera; una enorme capacidad de expansión y penetración en los mercados africanos y también internacionales, gracias a la diáspora de los más de 7 millones de nigerianos que viven fuera del país. Cuando hablamos de Nollywood lo hacemos de un cine eminentemente popular que se nutre de los géneros del cine americano (del melodrama al cine de terror), de la estructura y las formas de la telenovela, pero también de tradiciones locales procedentes de la literatura igbo, del teatro itinerante yoruba, de mitos y leyendas del folclore popular o de la crónica de sucesos diaria. Con la hibridación de todos estos elementos, y a través de una cantidad ingente historias y argumentos, el cine de Nollywood ha sabido cautivar, puerta a puerta, a una población que no tenía apenas contacto con el cine en su forma tradicional de exhibición, casi desaparecida e inaccesible para sus bolsillos.

De las primeras producciones caseras (Living in bondage, de 1992, pasa por ser el título fundacional) al panorama actual, muchas cosas han cambiado en el cine nigeriano. Por un lado, la industria ha ido organizándose poco a poco desde su descontrolada efervescencia inicial. De la iniciativa privada de productores independientes procedentes del sector de la venta de electrodomésticos, hemos pasado a la entrada de los bancos en la financiación de películas, que pueden permitirse ya presupuestos más holgados; la distribución y la venta ambulante y su exhibición en el hogar o en salas colectivas, han ido dando paso poco a poco a nuevos canales de difusión como internet o la televisión de pago; el éxito del modelo Nollywood ha provocado que, en otros países africanos, empiece a hablarse ya de fenómenos industriales a su imagen y semejanza como Jollywood (Johanesburgo, Sudáfrica), Gollywood (Ghana) o Kollywood (Kenia). Aún así, y a pesar de haber despertado el interés académico internacional, Nollywood no ha podido desembarazarse nunca de la controversia y las críticas furibundas de quienes lo consideran un fenómeno populista y cutre que reproduce los peores clichés y estereotipos del "neotarzanismo".

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