Nostalgia de la infancia afgana

Diseñada a la medida justa del perfil de los lectores que han convertido la novela homónima de Khaled Hosseini en todo un best seller internacional, Cometas en el cielo nos trae una didáctica, altamente emotiva y muy simplificada trama de amistad, nostalgia y redención a propósito de la historia reciente de Afganistán vista a través de los ojos de un escritor (obvio trasunto del autor) que, desde su exilio en Estados Unidos, rememora los días de infancia en los que las cometas sobrevolaban el cielo de Kabul para regocijo de sus gentes.

Convenientemente orientada a ese público occidental al que hay que darle muy mascada la idiosincrasia de cualquier cultura ajena, o lo que es lo mismo, explotando la fórmula de ese world cinema comodón, instructivo y bienintencionado, Cometas en el cielo se reviste de las formas asequibles del melodrama oscarizable y de una narrativa muy elemental (presente-flash back-pasado-presente) que convierte su desarrollo en un previsible trazado de emociones a flor de piel.

No faltan tampoco en esta producción conflictos individuales subrayados desde el estereotipo y una concepción de las transformaciones históricas propia de un reportaje de urgencia para un suplemento dominical.

Aún así, se agradece al menos que los productores de este trabajo hayan prescindido de estrellas demasiado conocidas, que hayan permitido que escuchemos a los actores, niños y adultos, y que el siempre desconcertante y todoterreno Marc Forster (Monster's ball, Descubriendo Nunca Jamás, Más extraño que la ficción) haya contado con el músico español Alberto Iglesias para componer la banda sonora, de largo lo más destacable de esta película.

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