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Nueva Zelanda del alma

  • La escritoria alemana afincada en Almería, Christine Gohl, regresa bajo el exitoso pseudónimo de Sarah Lark con su nuevo libro 'Bajo cielos lejanos' que presenta esta tarde en la librería Picasso

La escritora es una experta en caballos, a los que se dedica en su granja del desierto de Almería. La escritora es una experta en caballos, a los que se dedica en su granja del desierto de Almería.

La escritora es una experta en caballos, a los que se dedica en su granja del desierto de Almería. / g. h.

Sarah Lark, Ricarda Jordan, Elisabeth Rotenberg o Christine Gohl, eso no importa. Lo trascendente es el regreso al universo fetiche. Nueva Zelanda vuelve a los ojos de los lectores de, en este caso, Sarah Lark, el pseudónimo de una alemana afincada en una granja de caballos de Almería. El resto de mujeres son ella también, una gran familia que bien le ha valido miles de libros vendidos en todo el mundo. Incapaz de dejar de escribir, lo hacía desde que era niña, esta creadora de mundos cuenta con más de una veintena de novelas. Eso sí, si se cansa, siempre puede cambiar de pseudónimo y de género literario.

El nombre real de esta mujer multicéfala es Christine Gohl, quien firmara la exitosa trilogía En el país de la nube blanca y que mañana viaja desde su finca en el desierto almeriense hasta la librería Picasso de Granada para presentar su nueva novela llamada Bajo cielos lejanos. En ella regresa los paisajes de Nueva Zelanda, territorio de naturaleza tan fértil como sus ideas. En la novela, esta autora que ama leer el género negro y "sobre todo a Stephen King", lleva en esta maleta de letras a una periodista alemana que regresa a Nueva Zelanda, donde vivió y se crió, para darse de bruces con la necesidad de conocer su pasado. Ahí descubre la existencia del diario de una joven maorí del siglo pasado, cuya "dramática historia tiene una profunda influencia sobre los hechos del presente".

Hay que decir que cada una de sus 'cabezas' escriben un género concreto, Ricarda Jordan teclea novela histórica y Sarah Lark es la eterna amante de la ancestral cultura maorí.

Ella no tiene recetas para los best seller, dice, sencillamente hay que ofrecer una buena historia y si, como en su caso, se intercalan varias protagonistas, la narración se enriquece y atrapa a todos los tipos de lector. Gohl -o Lark- tiene la tinta en femenino y confiesa que cada una de sus chicas tienen por supuesto un poquito de ella. Debe ser enriquecedor tomar un café con alguien tan repleto de álter egos.

Es necesario explicar que la elección de los pseudónimos es una cuestión alemana: normalmente cada escritor tiene uno por cada género que desarrolla, explica Gohl, pero le parece "una tontería" porque si sus lectores "saben enfrentarse a un libro de 800 páginas" pueden leer cualquier tipo de género.

La escritora tiene una vida que para muchos resultaría el paraíso en la tierra, bueno, en el desierto. Su otra pasión, además de la de crear historias, son los caballos. Y a ellos se dedica en su finca: los recoge, cuida, cura y monta. Cualquiera pensaría que Christine toma de este tipo de vida su inspiración, o al menos, los momentos adecuados para enfrentarse a las 27 letras. Pero nada de eso, ella es capaz de "escribir en cualquier parte", no necesita un "lugar especial" ni hay discriminación si la voz de, este caso los maoríes, llegan a su cabeza.

"Esta no es una novela histórica completa, también suceden cosas en el presente", explica ella, que en cada una de sus obras intenta acercarse a las raíces de los mapas que visita.

"Nueva Zelanda tiene una naturaleza única, su flora y su fauna son impresionantes", dice la autora sobre este libro que también se acerca a la historia colonial de la isla. Leyendo las novelas de Lark parece que la escritora viviera en nuestras antípodas, nada más lejos. Ella ama el desierto, es su hábitat natural, pero no por ello deja de viajar a aquellas islas donde vive el kiwi -el emplumado- y para la documentación de sus novelas elige normalmente internet. "Nueva Zelanda tiene muy bien documentada su historia, se han encargado de que sus hijos la conozcan", dice Gohl.

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