Obras maestras con código postal

  • La especialista en la Generación del 27 se centra en el epistolario de Aleixandre, que era consciente de que sus cartas serían publicadas algún día l Umberto Eco indaga en la historia de la fealdadLa catedrática de Literatura de la Universidad de Buenos Aires Irma Emiliozzi analiza la personalidad de los autores del 27 a través de su correspondencia

La casi extinta costumbre de escribir cartas no sólo comportaba un gesto sentimental, también era una forma de dejar un legado para la historia que difícilmente pervivirá en los tiempos del correo electrónico. La argentina Irma Emilozzi, catedrática de Literatura Española, Moderna y Contemporánea de la Universidad de Buenos Aires, ha dedicado toda su vida a estudiar los epistolarios de los poetas de la Generación del 27, sobre todo los de Vicente Aleixandre.

"Las cartas muestran muchas cosas, no sólo datos que completan las biografías y la historia", cuenta la investigadora, para quien los datos no son su único mérito: muchas misivas son auténticas joyas literarias. "Aleixandre era un gran escritor de cartas", pone como ejemplo Emiliozzi, quien explica que él "las utilizaba como un laboratorio en el que va gestando sus páginas públicas": "Hay una gran complementariedad entre la correspondencia y muchos de los textos que publica, como retratos en prosa, poemas dedicados...".

"Hasta tal punto Vicente tenía claro el valor literario de la carta que el primero de sus epistolarios que ve la luz, dedicado a José Luis Cano, sabía perfectamente que iba a ser publicado. Es una correspondencia literaria en la que se inventa personajes y situaciones", afirma la hispanista, que matiza que "eso no quiere decir que no existieran o no sucedieran, sino que los describe como personajes de novelas".

La investigadora cuenta que Aleixandre, a quien le unió una relación de amistad a raíz de sus investigaciones, "tenía plena confianza en José Luis Cano, pero sabía que lo iba a publicar". Ella ha sido la responsable de la publicación de otros epistolarios del poeta sevillano, y reconoce que es un trabajo que los investigadores realizan desde la delicadeza y el respeto por la figura humana que firma esas líneas.

En ese sentido, Irma Emilozzi evoca el recuerdo de un encuentro que tuvo con Aleixandre en sus últimos años de vida. Ella le enseñó uno de los textos que luego formarían parte de sus epistolarios y él "se dio cuenta de que no todo lo que se había dejado dando vueltas lo ha descartado a conciencia sino porque se le olvidó o en ese momento no lo encontró para su publicación".

Entre otros muchos libros de investigación Emiliozzi ha publicado la correspondencia de Vicente Aleixandre a sus amigos del 27, en la editorial Castalia. También a José Antonio Muñoz Rojas, en Pre-Textos y a Jaime Siles, en el Centro Cultural del 27. Y aún está pendiente la edición de un cuarto libro con las cartas a Claudio Rodríguez.

La hispanista siempre había desarrollado sus investigaciones estudiado en archivos españoles, pero hace unos años que trabaja en archivos porteños, "que son muchos y muy valiosos". "Normalmente se ha ido atendiendo al exilio español en México, en Cuba, pero Argentina también fue una ciudad muy importante desde el punto de vista literario".

La especialista en Literatura Española del XX asegura que "todavía hay mucho Francisco Ayala por conocer. No sólo queda por difundir alguna página publicada, como algo que hizo para alguna revista del país, también sus cartas para importantes editoriales o documentos privados ". Por ejemplo, Irma Emiliozzi en sus últimos trabajos sobre de Carmen Conde, ha encontrado alguna nueva carta de Ayala.

La aportación más importante de la catedrática al estudio de la obra ayaliana ha sido la entrega de los facsímiles de la correspondencia del autor granadino a Victoria Ocampos a la Fundación Francisco Ayala, "unas cartas en las se revelan muchos datos y circunstancias".

"Con las diez cartas del escritor a Victoria Ocampos uno ya sabe quién es Francisco Ayala, porque su actitud hace una semblanza de su exigencia moral", insiste Emiliozzi, que remite como dato la carta que el autor envió al periódico La Nación cuando el diario le comunico que no podían publicar su artículo "porque tenía una opinión inconveniente".

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