Un "¡Oh my God!" con acento malagueño

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Sólo alguien como Antonio Banderas puede pronunciar Shrek con un acento cien por cien americano y acto seguido soltar un "tengo ya el cerebro desparramao" typical spanish. No era para menos. Llegó a Granada desde Los Ángeles tras todo un día sin dormir sólo para no faltar a su cita con Kandor y, ante la expectativa de su retraso lógico por las escalas aéreas, sólo se puede decir que Banderas es de esos que ganan en las distancias cortas.

Con una barba prominente y algo canosa y el pelo un poco más largo de lo habitual, el Zorro del cine por excelencia hizo gala de su gallardía y llaneza con absolutamente todo el mundo. El nuevo look se debe a su papel como Zorba, el griego. Le sienta bien, pero también le da problemas. En un momento dado, ayer, le resultó engorroso el creciente volumen de su pelo y decidió taparlo con una gorra.

Banderas no tuvo en ningún momento aires de divo, sólo unas ojeras que, aun llegándole a los tobillos, supo disimular con una sonrisa continua. Chaqueta tejana, pantalones vaqueros y unas flamencas botas negras fue la indumentaria elegida por el actor malagueño. El suyo fue un estilo casual para una visita entre casual y oficial donde se vio eso que siempre han dicho de él: Antonio Banderas es una estrella que no flota en el anodino mundo de Hollywood sino que pisa con fuerza cualquier suelo. Y cuando se trata del suyo, del sur, Banderas se vuelve más Banderas que nunca.

El día de ayer fue, por llamarlo de alguna forma, un día largo. A su llegada a Kandor, suscitó la curiosidad propia del momento. Le pidieron tocarle la cabeza al Goya y lo hizo. "Si esto se lía con el Goya, verás la que se va a liar con el Oscar", espetó una animada consejera de Cultura. Le pidieron posar y lo hizo... y le pidieron explicar algunos de los pasos que conlleva una película de animación. Traía los deberes hechos: cuando "ruedas tomas para un personaje de animación espada en mano te sientes un auténtico friki". A esta frase, faltaría más, la acompañó del movimiento de alguien que blande una espada con el ceño fruncido al límite. Realmente parecía un friki, pero un friki con todas las justificaciones. Rosa Torres lanzó su propia teoría: "Es muy curioso... ahora resulta que somos los humanos los bocetos de los dibujos animados". Hubo entre ellos frases de complicidad. En el recorrido por los departamentos de Kandor, ante el ordenador de Iker, un dibujo se ofrecía a los designios de quien manejara el ratón, ya fuese para entristecerlo o alegrarlo. Le tocaba el turno a la consejera y Banderas la animó: "¡Enfádalo Rosa!".

Durante una breve proyección de la recreación de la Alhambra y la Granada de la que será su película, Boabdil, Antonio Banderas susurró un audible "Oh my God". Realmente quedó sorpendido el actor, ya acostumbrado a las grandes producciones, del trabajo que está haciendo Kandor.

A la salida, era de esperar, varios vecinos del Zaidín esperaban en la puerta de la sede la aparición del actor. La calle Palencia vivió un mediodía de cine y de pitidos por la obstrucción de la vía: coches oficiales y dos autobuses esperaban fuera a todo el equipo de Kandor, a los medios, los políticos presentes y, por supuesto, a Antonio Banderas para transportarlos hasta el Museo Memoria de Andalucía CajaGranada.

Absolutamente comprensible es el tatuaje eterno de Melanie pero para no llegar a esos extremos basta con devolverle un Oh my God, eso sí, con cierto deje andaluz.

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